El Cabildo de Toma de Hora en la capilla Real / J. M. SERRANO
EL RECUADRO

Toma de horas de la nostalgia

«Este año todos, días después, a partir del Viernes de Dolores, celebraremos nuestro particular cabildo de toma de horas de la nostalgia»
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En el arranque de la Cuaresma, cuando El Rincón del Nazareno colgó de pared a pared su tradicional pancarta de “capirotes” formando como una nueva Puerta de Carmona; cuando La Campana puso en su escaparate las primeras torrijas; cuando Casa Ricardo puso la primera en la campana (la primera croqueta de Vigilia en la campana extractora de humos), ni a soñar que nos hubiésemos echado hubiéramos pensado que la situación sanitaria en España iba a ser tan grave, y la crisis económica resultante tan catastrófica, que hasta iba a pasar a un segundo plano algo en lo que con sólo pensarlo casi nos iba la vida a los sevillanos: la suspensión de la Semana Santa. “¿Pero cómo nos vamos a quedar sin Semana Santa?”, se decía. Pues mire usted, nos hemos quedado y no sólo no ha pasado nada sino que, si no me equivoco en mi apreciación, no es el asunto que principalmente preocupe al sevillano, a pesar de cuanto sentimental, religiosa y económicamente supone en la ciudad.

Los sevillanos podemos estar orgullosos del ejemplo que estamos dando en las graves cuestiones de nuestra hora. Empezando por el presidente de la Junta. Cuando en Madrid estaban hechos con la Coalición de Gobierno un lío, con total desprecio por los españoles que esperaban las firmes decisiones anunciadas, a Moreno Bonilla le faltó tiempo para salir, dar la cara, y anunciar medidas, que es lo que esperaban en aquella hora Sevilla y Andalucía: caminos de solución de lo que algunos no se atreven a llamar pandemia, y usan el eufemismo de “crisis sanitaria”. Y luego, pero no después, ese tridente del arzobispo Asenjo, el alcalde Espadas y Francisco Vélez, presidente del Consejo de Cofradías, decidiendo lo que todo sevillano sensato esperaba: la suspensión de la salida de las cofradías, que no de la Semana Santa. Que esa la seguiremos celebrando, insólita, desde el confinamiento de nuestros hogares, en conmemoración de la Pasión de Cristo. Para rezar al Señor y a la Virgen ni hay que meterse en las bullas, ni hacen falta sillitas de los chinos ni carrera oficial, ni que vendan globos y almendras garrapiñadas, ni que los costaleros vayan con el izquierdo por delante.

Y esto Sevilla, vieja y sabia, lo ha comprendido a la perfección. Dice Espadas que la suspensión de las cofradías en la calle ha sido la decisión más dura en la que ha participado como alcalde en estos cinco años. Tan dura, conforme se van poniendo las cosas, no parece, estimado don Juan, sino prudente y necesaria. Ejemplar. Tiene tal influencia Sevilla, es tal modelo para toda Andalucía, que la salida de las cofradías ha sido suspendida automáticamente en todas las capitales y pueblos sin parpadear, y antes de que saliera Sánchez (a buenas horas, mangas verdes) diciendo que el Estado de Alerta prohibe “los desfiles y las fiestas populares”. (Si una cofradía, además, no es un desfile…)

Si mis cuentas de almanaque no fallan, el domingo 22, cuarto de Cuaresma, anterior al del Pasión y Pregón, debía celebrarse en la Capilla Real el tradicional Cabildo de Toma de Horas para aprobar la nómina de las cofradías en la calle. Este año todos, días después, a partir del Viernes de Dolores, celebraremos nuestro particular cabildo de toma de horas de la nostalgia. Seremos como los banderilleros de Belmonte que cuenta Chaves Nogales. Cuando iban a la temporada americana, no cambiaban la hora en sus pelucos. Y antes de ir a torear en El Acho, tiraban de leontina para mirar su reloj Roskopf con el meridiano de Triana. Y decían, llenos de nostalgia, pero de orgullo de sevillanía pese a la distancia:

–Pues ya tienen que estar empezando a freír el adobo en la pescadería de la calle San Jacinto.

Cuando todo se serene, cuando el Doctor de la Bata Morada que está en San Lorenzo quiera y pueda que la gravedad sanitaria se mejore, cada sevillano será a partir del Viernes de Dolores como los banderilleros de Belmonte, con su personal cabildo de toma de horas de la nostalgia:

— Pues a esta hora, Carmen, estaríamos con los niños viendo La Paz por el Parque…

Antonio Burgos

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