José Manuel Campos, en su etapa de hermano mayor de la Esperanza de Triana / J. M. SERRANO

El trianero que vendía la sombra

Por  0:10 h.

Su oficio lo escuchamos mil veces por la radio, en la voz de Marifé. De Triana, naturalmente: “La sombra, la sombra vendo,/¿quién me la quiere comprar?”. Nos enteramos después que se la había comprado primero Leopoldo, “échame el toldo”, pero que pasó a la modernidad con Currito, “dale al botoncito”. Hablo de don José Manuel Campos López, dueño de Toldos Quitasol, que se ha ido definitivamente a la Luz, a la Luz de Triana que irradia la cara de su Esperanza en la capilla de los Marineros, de cuya hermandad fue hermano mayor de 1997 al año 2000, el de la tristemente famosa Madrugada de las Carreritas, que le cogió con su vara dorada y su antifaz de terciopelo verde Guadalquivir, el verde de su Betis.

Campos heredó de su padre el negocio de vender sombra en el barrio del sol. En la calle Alfarería. Y su vista comercial le llevó a extender el negocio a las carpas, a los crecimientos de terraza, a las lonas que convertían en ático de lujo la azotea más humilde. Y todo de la mano de sus dos personajes, de Currito y de Leopoldo, creados por su jefe de ventas, el famoso “señor Hidalgo”. Desde Don Pepe y su Sobrino no hubo en la radio sevillana dos personajes más populares, que desde hace 37 años escuchamos en la voz del Maestro Araujo y del propio Hidalgo. Genial publicidad de radio que hasta tal punto llegaba a todo el mundo, que siempre solía citarme ese anuncio, partiéndose de risa o aplicándolo a situaciones de actualidad, nada menos que el profesor don Manuel Olivencia. Un día, tirando del anuncio los toldos Quitasol, me dijo con todo su sentido del humor y su retranca rondeña:

— A Sevilla lo que le ha ocurrido es que ha pasado del “Leopoldo, échame el toldo” a la modernidad de “Currito, dale al botoncito”.

Así fue y lo dije: «Eso no es un anuncio. Eso es el símbolo de un tiempo de la ciudad. Yo creo que la vez primera que los sevillanos oyeron esa palabra ahora tópica, mágica y reverencial, la modernidad, fue en el anuncio de Quitasol. Hasta entonces Leopoldo había estado echándonos el toldo, dale que te pego a la manivela del desarrollo, de la agricultura, de los pisos del Polígono, del canal Sevilla-Bonanza, de la corta de Tablada, pero se acercaba el 92, Currito le dio al botoncito y teníamos que entrar todos juntos, usted primero, por la senda de la modernidad y el progreso, la fibra óptica y el pelotazo».

No tuve el honor de conocer a este trianero emprendedor y luchador, a este empresario que desde la nada se hizo con el negocio más popular y conocido de su gremio. Triana cantaba la venta de sombra por Campos como una soleá del Zurraque que hubiera escrito su jefe de ventas. Campos, un trianero que tuvo el privilegio de que cuando estaba ya muy enfermo, fuera un día la propia Esperanza a verlo a su casa. Entonces sí que no hubo toldo Quitasol que fuera suficiente para tapar la luz de aquella dicha, en una vida que se ensombrecía. Vivió su hermandad y su barrio como sólo los trianeros saben hacerlo. Con alma, vida y corazón. Cuando la Coronación de la Virgen en 1984 acuñó el lema que llenó las calles del barrio, en pancartas de balcón a balcón: “Triana con su Esperanza”. ¿Un lema o un autorretrato del propio dueño de Quitasol? Siempre, como Triana, con su Esperanza. Creando riqueza, echándole imaginación, haciendo más agradable la vida de la gente en los veladores de las terrazas, en las carpas alquiladas para las bodas.

Nos acordaremos de este gran trianero que vendía la sombra cada vez que oyendo la radio pongan el diálogo de Leopoldo y Currito, que tiene toda la gracia de un pasillo de comedias de los Quintero o que una obrita del Teatro del Duque escrita por Don Cecilio. De Triana, naturalmente. No sé si darían cuenta, pero ayer Currito y Leopoldo se habían puesto de acuerdo y todos los toldos de Sevilla, con motor o a manivela, estaban a media asta por la muerte de don José Manuel Campos. El que nos supo vender la sombra de sus toldos con todo el arte de Triana.

Antonio Burgos

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