El escaparate de la Campana, uno de los sígnos de la Cuaresma / J. M. SERRANO
ANTOLOGÍA DEL RECUADRO DE ANTONIO BURGOS

Un nazareno-bombonera

«El nazareno compra un nazareno:/ contemplo este milagro de Sevilla,/ porque encierra la luz muñecas rusas/ de los recuerdos dentro de un recuerdo»
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Publicado el 6 de marzo de 2008

Entramos en el tiempo prodigioso./Sevilla, sola, escribe endecasílabos./ La luz, el aire, el agua, los sonidos/ ya plumas son, de armao o de alguaciles,/ que escriben la hermosura de estos versos/ que quedan en el viento que barrunta/ tambores, incensarios, capirotes.
Al pasar por el Parque has comprobado/ que silenciosamente, como siempre,/ el árbol del amor ha florecido. / Ese hermano menor de los naranjos/ que no heredó fortunas de azahares/ trasminando los aires de la tarde,/ ni versos de poetas que cantaran/ los días que se acercan racheando./ Tienen color capote estas hojas,/ capote de Romero, recogido,/ que el invierno es recuerdo de esclavina,/ de bufanda, de abrigo y Cabalgata/ cuando bajan las manos que ahora tocan/ la certeza del día que se alarga/ esperando la luna novelera/ que estrena la ciudad en cada marzo,/ zapatos nuevos para andar la rampa/ de un Salvador que viene con su Burra,/ con sus palmas y olivos, proclamando/ que en incienso y en cera se remansan/ los recuerdos de cal de aquella esquina/ que está esperando un palio como espera/ a su novio, impaciente, una muchacha.

El árbol del amor ha florecido/ y es el anuncio cierto: ya ha llegado/ la luz en este coche de cuadrillas/ que ahora monta los palcos en la plaza/ y en la Puerta Carmona ha desplegado/ protestas de pancartas que reclaman/ bosques de capirotes de los barrios/ que buscan terciopelos de la dicha,/ el descalzo ruán o la azul sarga/ de la colla del muelle, marinera,/el Puerto de las Indias interiores/que cada primavera descubrimos/y conquistan cornetas y tambores.

Suenan martillos, yunques del recuerdo,/que el frío del invierno ya desmontan:/ la humedad de los muros de verdina,/ las losas de Tarifa de las Gradas/ en procesión de espadas fernandinas,/ la alhucema de copas que levantan/ el brindis del adiós a las camillas,/a beber y apurar los coroneles/que mandan soldaditos de Pavía/que ya ocupan murallas, costanillas,/Placentines, balcones saeteros/y silencios antiguos penitentes./ Y hasta el cisco picón que había en la copa/ ya busca con su brasa un incensario/ que perfume la tarde de recuerdos.

Compiten con torrijas y pestiños/los viejos nazarenos-bomboneras/en este escaparate centenario/ en donde una Campana da la hora/ y la venia a los gozos que se acercan./Y está en el mostrador un nazareno/que cada Viernes acompaña a un Cristo/que expira sobre el puente de Triana,/comprando un nazareno con su túnica,/ la misma que heredó de sus mayores,/ blanca como la cal de Cerca Hermosa/ y negra como un cante del Zurraque./ El nazareno compra un nazareno:/ contemplo este milagro de Sevilla,/ porque encierra la luz muñecas rusas/ de los recuerdos dentro de un recuerdo./«Se lo llevo a mi nieto», ahora me dice/ el viejo nazareno del Cachorro/ al que están despachando la alegría/salida de esos tramos que proclaman/ tras los cristales todos los colores/ del tiempo de nostalgia que se acerca./ Algunos nazarenos-bomboneras/ son morado Pendón de Cigarreras,/ o del Sentencia por la calle Feria./ Los otros verdes son, de la Esperanza/de Pureza o de Parras, que es La Misma./ El que lleva este hombre de Triana,/ los más dulces bombones para el nieto,/ visten con los colores Patrocinio/ de un Gitano que siempre está expirando/ junto a una Señorita de Triana./ Y una lágrima quizá derrama ahora/ cuando me explica que es maniguetero,/ que sale donde iba Juan Belmonte./ Luego calla, señala ese bolsillo,/ en donde se ha guardado otro tesoro:/ papeleta de sitio a buen recaudo,/ la misma que se cuenta por Triana/ que aquel Pasmo llevaba en su cartera/ la tarde que salió en Gómez Cardeña/ directamente por la puerta grande/en donde lo esperaba su Cachorro.

Toda esta Triana me he encontrado/ en el seguro azar de La Campana,/ comprando yo también un nazareno/ de verde terciopelo de juguete,/ con el dulce merino de la dicha/ que le daré a una niña de mi sangre/ en cuanto llegue a ver las cofradías/ como anuncia en su luz color capote/ el árbol del amor que ha florecido,/ que florece en Sevilla cada año/ el amor, que hasta el tiempo ha detenido/ tu dulzor, nazareno-bombonera.

Antonio Burgos

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