Alfonso XIII presidiendo el paso de la Virgen de la Victoria en la Semana Santa de 1930

Una Real Cigarrera

Aquella tarde que Don Alfonso XIII presidió su paso fue la primera coronación de la Virgen de la Victoria
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Para muchos sevillanos con paladar no hay nada más hermoso, perfecto y rotundo que un palio clásico andando sin música, con paso medido, ni demasiado largo, ni sobre los pies. Así van los dos grandes palios desconocidos de la Madrugada, que casi nadie valora por lo que llevan delante: el de la Virgen del Mayor Dolor y Traspaso del Gran Poder y el de la Virgen de la Concepción del Silencio, entre azahares y plata. Y así iba la otra mañana, antes que quebraran albores, uno de los pasos de palio más hermosos y armónicos de toda la Semana Santa: el de la Virgen de la Victoria de la hermandad de las Cigarreras, en rosario de la aurora aún sin amanecer con su homérico manto de azafrán, camino de la Catedral, donde será coronada. No sé si era la Virgen de la Victoria o la Victoria de una Virgen que siempre me movió a la emoción, y que, de muchacho, tantas veces, a prima hora de la tarde del Jueves Santo, fui a ver atravesar las rejas de la Fábrica de Tabacos, cuando ya no pasaban cigarreras por la calle San Fernando más que en las coplas del Pali, porque en la antigua Casa del Ingeniero estaban las pilistras del patio de Filosofía y Letras y en las naves de la pintura de Gonzalo Bilbao, las aulas de Derecho con el temible Pelsmaecker, que se escribía así y se pronunciaba «Permáquez» saltándonos el Derecho Romano. Ya por la calle San Fernando no pasaba más cigarrera que esta Divina y Victoriosa de los nazarenos como antiguos, poquísimos entonces, que cuando la cofradía avanzaba por la Avenida, te ponías en Correos y veías el paso de la Columna y Azotes y al fondo, en el mismo golpe de vista, junto a la fuente de Delgado Brackenbury en la Puerta Jerez, el perfecto palio de cajón de la Virgen de la Victoria.

De cajón. En efecto. Es de cajón que no puede haber algo más bello que un palio así, si le da honores de Reina a una Virgen cuyo paso presidió un Rey de España. ¿Se ha dado otro caso en la Historia de la Semana Santa, amantes de los datos curiosos de Sevilla, de que un Rey haya presidido un paso? Es que vi ayer en ABC, junto a la lírica crónica de Javier Macías que a tantos nos hizo pensar en la belleza de ese amanecer que, ay, nos habíamos perdido, la fotografía de Juan Manuel Serrano, en la tradición de su familia de fotoperiodistas, en que el nieto hace la puesta al día de las placas históricas del abuelo Serrano. En la foto de Serrano, delante del palio de la Virgen Cigarrera se ve una insignia única en nuestra Semana Santa que la cofradía saca: el pendón real, con el morado de Castilla que entona con los antifaces de sus nazarenos en el sol de la tarde del Jueves Santo. Yo vi ayer esa foto de Serrano III y mi memoria contempló la imagen de Serrano I: Don Alfonso XIII presidiendo el paso de la Virgen de las humildes cigarreras, las del requiebro, las de la leyenda de Carmen, las del mantón de talle, las que vienen cada mañana desde Triana, en la falúa que les cruza el río desde el Puerto Camaronero, las que hacen chistes en forma de saeta con el parecido del Cristo nuevo al pagador de la Fábrica de Tabacos. La Virgen no sólo es Reina, sino que se llama como la Reina. La memoria me trae ahora un viejo poema popular:

Y en los palcos, la Reina

Victoria Eugenia.

Otra Reina. Con peina baja y mantilla negra. Y Esta de las cigarreras, con corona. Yo creo que aquella tarde que Don Alfonso XIII presidió su paso fue la primera coronación de la Virgen de la Victoria. El Rey, con su vara dorada, impuso a la Virgen simbólicamente nada menos que la Corona de Castilla. De ese morado del pendón que ahora un nazareno porta y que en el quebrar albores del domingo llevaban ante la presidencia, como un certificado de aquella primera real coronación. Cuando el arzobispo corone a la Virgen de la Victoria, coronará también la devoción de las viejas cigarreras que le rezaban y que, con sus mantones negros, yo vi salir tras su manto de Reina aquel último Jueves Santo en que la cofradía abandonó la vieja Fábrica de Tabacos con el palio de cajón al que la Banda de Soria le tocó la Marcha Real. Por la memoria, esta Real Cigarrera que es la Virgen de la Victoria sigue siempre pasando por la calle San Fernando.

Antonio Burgos

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