La Virgen de la Amargura sobre la partitura de su marcha
CENTENARIO

«Amarguras», paisaje sonoro

«Sonaría “Amarguras” en el vacío negro del ataúd donde yace un hombre que ha sido asesinado por sus correligionarios»
Por  0:15 h.

Suena “Amarguras”, pero no hay Dolorosas bajo palio. No hay puñales sino pistolas en una noche de guerra. No huele a incienso. Ni hay candelerías. Sólo un féretro tapado por una bandera negra y roja que en unos minutos estará cubierto por la tierra y la oscuridad. Estamos en el 23 de noviembre de 1936 en el cementerio de Montjuïc en Barcelona. Esto no es la calle Sierpes de Sevilla en una noche de Semana Santa. ¿Por qué suena entonces la marcha “Amarguras”?

Este año se ha cumplido el centenario de una partitura en la que se resume el alma de la Semana Santa. Una música capaz de guardar el secreto del dolor, de la alegría, de la vida y de la muerte. Un sonido que se cuela en la vértebra donde reside la metáfora de la emoción. Suena “Amarguras” como si no hubiera pasado todo un siglo. Como si su compositor, Manuel Font de Anta, acabara de descubrir en el pentagrama la melodía que lo resumía todo.

“Amarguras” es el paisaje sonoro de la Semana Santa. Tan perfecto, tan hecho para el dolor que hasta sirvió para el funeral de un mítico anarquista: Durruti. Cuentan las crónicas que aquel noviembre de 1936 en el multitudinario entierro de Durruti los obreros se estremecieron con esa música. Si hubieran sabido que era la melodía que acompañaba a las Vírgenes sevillanas en su camino de duelo…

Pero ¿por qué sonó “Amarguras” en el entierro de un anarquista? Hay un hombre entre la multitud. Es Helios Gómez, el dibujante anarquista encargado del funeral de Durruti, la persona que ha introducido en el repertorio musical de este entierro una marcha de Semana Santa. Podría considerarse una transgresión, quizás una provocación para los obreros que asisten al funeral y no saben que se están emocionando con una marcha religiosa. Pero el artista sevillano Helios Gómez no lo hace como un desafío o una herejía sino como un tributo a la nostalgia. ¿Qué mejor música para despedir a Durruti que la que acompaña a las Dolorosas de su ciudad?

Sonaría “Amarguras” en el vacío negro del ataúd donde yace un hombre que ha sido asesinado por sus correligionarios. El 20 de noviembre de 1936 moría también el compositor Manuel Font de Anta. En la misma noche de guerra otra bala acababa con la vida de quien había compuesto el estremecedor paisaje sonoro del dolor.

Eva Díaz Pérez

Eva Díaz Pérez

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