Pasó la devoción...pero quedaron las imágenes
Imágenes de hermandades extinguidas de Sevilla
EN CUARENTENA

Memorial de los pasos perdidos

Por  0:07 h.

Hay una Cuaresma que ya no existe. Poblada por hermandades desaparecidas, cofradías extinguidas y tallas arrasadas por el tiempo. Una Semana Santa espectral que sólo podríamos encontrar en legajos antiguos y en postales del pasado.

En algunos viejos palacios hay una estancia llamada salón de los pasos perdidos, un espacio de tránsito. En ese lugar proyectado como metáfora en el mapa de Sevilla continúan procesionando estos pasos perdidos por culpa de epidemias, incendios o desidias.

Tienen estos inventarios del pasado nombres llenos de extrañeza porque no forman parte de nuestra memoria. ¿Cómo sería el Santísimo Cristo de las Virtudes? ¿Y el paso del Sagrado Lavatorio? ¿Qué rostro tenía María Santísima del Pópulo? Algunas imágenes desaparecieron y otras permanecen en penumbra en altares olvidados. En este sueño viejo adivinamos el perfil de algunas de estas tallas de Varones de Dolores con melenas de cáñamo y Vírgenes angustiadas como las imágenes perdidas de Montes de Oca y ese inconfundible entrecejo amargo.

En este salón de los pasos perdidos vemos una procesión. Hay una tiniebla amarilla, una atmósfera irreal, un olor de otros siglos. Estamos en la Plaza del Caño Quebrado, hoy de los Maldonados. Pasa una cofradía desaparecida por la calle Ancha de la Feria, de las Boticas y la Correduría. Son dos pasos: un Nazareno con Cirineo y una Virgen con San Juan a la que llamaban Nuestra Señora de la Concepción de la Oliva. La cofradía atraviesa la escena del pasado ante los portalones donde estaban las tiendas de los carpinteros de lo prieto fabricando ruedas de aceñas. Y más allá donde aguardaban los cesteros que trenzaban el mimbre para las populares canastas sabaleras con los peces del río.

Es la Hora Nona -la hora del luto- y aparecen disciplinantes ataviados con capirotes romos, túnicas de holandilla y cordón de cáñamo. Ahora estamos en otro lugar casi borrado del tiempo: el Puerto Camaronero de Triana. La cera caliente se mezcla con la brea de los bajeles y el cieno del Guadalquivir. No muy lejos estaba la capilla de los Mártires, donde salía el Santo Ecce-Homo y Nuestra Señora del Camino. Advocaciones olvidadas y cofradías extinguidas que siguen procesionando en este salón de los pasos perdidos.

Eva Díaz Pérez

Eva Díaz Pérez

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