REVISTA PASIÓN EN SEVILLA

Año nuevo

Ese es el domingo que esperamos. El año nuevo de nuestro calendario. Donde la Estrella sale de día. La Paz le declara la guerra a los que tienen corazones de piedra. El Amor te abraza de lado a lado de la calle Francos
Por  0:25 h.

Seguimos contando domingos, como cuentas de un rosario de azahares, esperando que nos llegue el primer día del año. Que no es el día que marca el calendario. Ni el reloj de los petardos. Ni la pajarita al cuello. Ni las lentejuelas de una noche de charol y mármol romano. Seguimos contando domingos, 20, 19, 18 y cada vez nos acercamos más al definitivo, al que nos hace ver la flor en el trigal y el lirio en el Calvario. El que viste de limpio y palmas a una ciudad que, ya lo dije hace mucho tiempo, es capaz de hacer en siete días los que otras no consiguen en siglos. Ese es nuestro año nuevo. Al menos para mí. Al menos para aquel niño de zapatos gorila, pantalón corto y largas energías que se embravaba en la rampa de San Juan de la Palma y se abismaba en historias sagradas viendo cantar saetas graves y heridas en los balcones de la calle Feria. Ese el año nuevo de Sevilla. El que no se perfuma con fragancias parisinas ni la seda italiana le anuda la garganta. Ni hay bragas rojas. Ni lentejas de la suerte. Mi día primero del año siempre cae en Domingo. Como un sol invicto. Redondo y joven Más luminoso que Apolo. Más fecundo que un frutal. Más alegre que un tambor. Más memorioso que el tiempo que pasa…

Ese es el domingo que esperamos. El año nuevo de nuestro calendario. Donde la Estrella sale de día. La Paz le declara la guerra a los que tienen corazones de piedra. El Amor te abraza de lado a lado de la calle Francos. Y hay Amarguras de Madre con labios pintados por el dolor por la calle santa de las hermanas pobres. Nada que ver un domingo así con un final de año sin más oro que el de la vanidad ni más música que el de un engorroso matasuegras.

Las uvas para los que tienen lagares en la garganta. Las cenas que no dan dolores de estómago y adelgazan la soberbia también en este domingo te invitan a que bebas de su cáliz. Es un día tan completo que el niño Jesús sale a la calle con globos de colores que quieren cielo. Y corretea por entre los pasos que esperan en sus iglesias que una voz y un martillo los ponga en la calle para que un recuerdo nos agüe los ojos. Sin motivo aparente. Con todos los motivos silenciados al que la vida le pone un candado de plata. Ese es el domingo que esperamos. Ese es nuestro primer día del año. Imposible de que me camelen con otro.

Se habrá ido el frío que acobarda a los almendros. Habrá desaparecido la verdina que cubre de terciopelo el rostro helado del invierno. Y las madrugadas, que rachean el Gran Poder de su camino, se llenan de silencios y algarabías, para vayamos aprendiendo que la vida es una partitura de músicas antagónicas, duales, emparejadas por el signo contrario de su condición. Habrá túnicas de terciopelos con el color de la verdina y el de las moras. Que prologarán templos de plata y oro por alamedas de toreros y arenales sin el tesoro de los virreinatos. Galeones cabotando por mares de ladrillos de Gerena. Y carey americano al hombro del condenado acompañado por el silencio de ruán de una música con notas de epitafio universal. Seguimos contando domingos. Los que nos faltan para nuestro año nuevo, para nuestro arranque vital. Para que delante del primer palio le digamos y nos digamos por dentro, bajito, muy bajito, que solo se entere el guarda de nuestra alma, que un año más el incienso y la garrapiñada, el carrito del niño y el ombligo de la chavalita, iluminan de cal el patio de nuestros recuerdos y llena de estrellas la candelería del paso. 20, 19, 18… Los acólitos ya están aquí y de lejos una banda de cornetas y tambores interpreta el Rezaré primaveral de Silvio, aquel hermano del Cachorro y de la humanidad…

Félix Machuca

Félix Machuca

Félix Machuca

Últimas noticias deFélix Machuca (Ver todo)