NO DO

A thing of beauty

«Eco con forma de verso, de música, de aroma perdido, de imágenes que nos reconcilian con la verdad de la Semana Santa»
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Un instante de belleza es lo más parecido a la eternidad. Ya lo vio el poeta inglés John Keats, que murió a los 26 años después de haber escrito los versos que le permitieron entrar en ese territorio indeciso de la inmortalidad. Al cabo de dos siglos mal contados, unos productores sevillanos han convertido su poema sobre la eternidad de la belleza en un resumen apretado de la Semana Santa. La vida es una semana, como sentenció Caro Romero, y cabe en los tres minutos de los versos de Keats y de las imágenes que los creadores de Kreativa Audiovisual pasan por nuestros ojos para que miremos a los que miran.

Siempre sucede lo mismo. Siempre sucede cuando uno se encuentra más desengañado de esta fiesta que cae inevitablemente en los albañales de lo grotesco y de lo ridículo, que se desvirtúa por culpa de las modas y del postureo, del figuroneo y del consumo masivo que rompe los límites temporales en los que encaja la celebración. Entonces, cuando parece que todo se ha derrumbado y que nunca nos despertará la ilusión de un Domingo de Ramos ni nos herirá otra vez la melancolía amarilla de la tarde del Viernes, llega un eco con forma de verso, de música, de aroma perdido, de imágenes que nos reconcilian con la verdad de la Semana Santa.

Esos niños que buscan la lenta cera ardida sin saber que están envenenándose de belleza para el resto de sus vidas. Esas niñas que sonríen mientras la luz baña su cuerpo para siempre. Esos nazarenos que ven el mundo por las almendras huecas y amargas que se abren en el antifaz de sarga. Los galeotes ciegos que sufren la sequedad ronca de la trabajadera. El capataz atento a la geometría barroca del esfuerzo que dará con el paso en la calle. Los ojos con que el músico escucha las corcheas detenidas en la partitura antes de que vuelen por el aire de abril. Y la gente. Sí, la gente que espera en una calle, que llena las plazas donde huele a existencia, que se fija en una voluta o en un bordado, en un servidor de librea o en un palio que desafía al metrónomo del tiempo.

Ha sido ahora, en octubre, cuando todos los horizontes son lejanos, cuando el incienso sólo resuena en el mármol frío de la memoria, cuando la noche aún es el telón que la Soledad echó en San Lorenzo, cuando las vísperas no existen. Ha sido ahora, en este tiempo sin tiza en las pizarras de los bares, en estas horas caídas como esas hojas del otoño donde nadie escribe. Han bastado unas cuantas miradas para que la Semana Santa se eleve sobre sí misma, para que encuentre la fuente de donde mana el agua fresca que viaja en el jarrillo de la costumbre hasta los labios que buscan el consuelo para el volcán íntimo de la ausencia y de la sed. Unos versos de Keats y unas imágenes han bastado. Tres minutos. Un instante de belleza. Lo justo para tocar con los dedos y con los ojos el umbral de la eternidad.

Francisco Robles

Francisco Robles

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