EN CUARENTENA

¡Cofrades, a la calle!

«Estamos en la víspera de la nada para ese mundillo que se está comiendo la Semana Santa desde los alrededores de la fiesta»
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Todo es tan extraño… El cielo limpio, el cristal del aire perfumado de azahar, los instintos aprendiendo de nuevo la vida como en el verso del poeta. La luna previa al Parasceve como un espejo de plata que no cabe en el cielo recortado por las calles templadas, tibias, seductoras como una noche de primavera. Sin embargo, la muerte se disfraza de miedo, de sombras que fluyen por el inconsciente y se quedan a vivir en este tiempo vacío que se abre en la tarde del viernes.

No podremos echarnos a la calle, como reza el pregón virtual que se he hecho viral… Cofrades, a la calle! Pues no. Ese pregoncillo viaja por las redes y nos da la imagen exacta de esta Semana Santa que nos ha tocado vivir en este sinvivir que se extiende como una epidemia. No podremos ir a los cultos, ni a los traslados, ni a los conciertos, ni a los pregones ni a las meditaciones. Bares vacíos en plazas desiertas mientras la luna llena y la flor del naranjo nos recitan el poema de Cernuda.

Nos hemos quedado sin vísperas, algo que no recordábamos porque no lo hemos vivido. Esto nos sirve para desnudar de una vez por todas a la Semana Santa que se ha revestido con los ropajes del oropel y la farándula, del espectáculo ensayado, de la coreografía programada, de la tramoya que le ha ganado el sitio y la partida a la devoción y a la emoción. Quien se ha quedado sin marchas ni chicotás se enfrentará a un vacío que le provocará un vértigo abismal.

Porque todo lo que esperaba se reduce a un espectáculo que no se va a celebrar, a un teatro que nadie representará en una sala vacía. Estamos en la víspera de la nada para ese mundillo que se está comiendo la Semana Santa desde los alrededores de la fiesta. Para ellos la procesión no va por dentro. Todo es apariencia. Por eso necesitan la calle como el pregonero que ha triunfado en las redes. Cofrades, a la calle!

Empieza el tiempo de la reflexión, de la introspección, de la soledad compartida con quien realmente importa. Empieza este tiempo de la duda y el temor, de la lucha por la vida que tan bien describieron Baroja o Cela. En lugar de montar los pasos y los palcos, desmontemos los tópicos de purpurina que han despintado la verdad de la Semana Santa. Y digamos a media voz eso que es inevitable y que algunos necesitan escuchar. Cofrades, a casa…

Francisco Robles

Francisco Robles

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