Contraluz del Cristo de la Conversión por la calle Rioja en el Vía Crucis / R. DOBLADO
REVISTA PASIÓN EN SEVILLA

Contigo en el paraíso

«¿Para qué vamos a dejarlo para mañana? Y ya que estamos con las preguntas retóricas, ¿por qué nos empeñamos en buscar la entraña de la Semana Santa en parajes teóricos si está en el rostro del Crucificado de Juan de Mesa»
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Se cumplen seis meses del Vía Crucis de las Cofradías presidido por el Cristo de la Conversión del Buen Ladrón de Montserrat

Le bastó una mirada, una palabra de arrepentimiento, una llamada de atención al otro ladrón. No te metas con este hombre, porque él no ha hecho nada para estar aquí, nosotros hemos sido malos y nos merecemos este castigo, pero él no. Todo muy sencillo. Sin alharacas teológicas ni rebuscados esquemas metafísicos. Se compadeció del Justo y le pidió que se lo llevara con Él. Así de simple.

La recompensa que recibió por ello es la más grande que nadie pueda imaginar. Porque el Divino Galileo se las gastaba así. ¿Quieres venirte conmigo? Pues hoy mismo estarás conmigo en el paraíso. Antes de que se recoja esa azucena hiriente que es la Virgen de Montserrat. Antes de que llegue la Canina al palquillo del miedo. Antes de que los soldados se queden fritos en el
sepulcro y no se den cuenta de que el nicho está vacío al amanecer del domingo. Hoy mismo.

¿Para qué vamos a dejarlo para mañana? Y ya que estamos con las preguntas retóricas, ¿por qué nos empeñamos en buscar la entraña de la Semana Santa en parajes teóricos si está en el rostro del Crucificado de Juan de Mesa, el que cumple cuatro siglos como si no hubiera pasado el tiempo por su mirada? En sus ojos está el poder. Y está la gloria. Y está el reflejo del rostro de ese ladrón que le robó la cartera a Dios cuando hizo algo tan sencillo como pedirle perdón. Ahí está la grandeza de la Semana Santa: en la fiesta del perdón.

Francisco Robles

Francisco Robles

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