La Virgen de las Nieves por la Plaza de la Alianza / José Rodríguez Sánchez
NO DO

Endecasílabos de Nieves

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La luz postrera muere en el magnolio,

La sombra te refresca la memoria,

La fábula de fuentes, los jardines

Que guardan las caricias de la madre.

Has vuelto a los lugares de ese crimen

Que comete el reloj cuando recorta

El tiempo sin angustia de la infancia.

Es la tarde, verónica templada,

Quien te coge la mano y te regresa

Al barrio donde vives desde entonces,

Aunque tú ya no vivas en sus calles.

Allí la luz primera te cegó

Con la blancura exacta de la Virgen

Que derrite las Nieves con su nombre.

El sueño del patricio y de Murillo

Habita en esa antigua sinagoga.

Las Nieves que en agosto son el fuego

Salieron en octubre para hacerte

Gozar del llanto frío, repeluco

De luces proyectadas en la cal

Ardiente del poema: la fachada

Dorando la blancura de la plata,

Prodigio murillesco donde habitan

Cenizas del color de su pintura.

No es fácil describir la maravilla

Del tránsito fugaz por esas calles

Que escriben en el suelo que pisabas

Tu historia con la sangre que te nutre.

Sevilla en el color de su pureza,

Ciudad que se redime en ese instante

Barroco como esencia que perfuma

De nardos las aristas de su espíritu.

Naranjos con el sueño del otoño

En el verde más profundo de sus hojas.

Belleza que disuelve en el incienso

El toque impresionista de la escena.

Las lágrimas recorren tus recuerdos

Y llevan en su nombre el de tu madre.

Los ecos del pasado te revuelven,

Re arañan con las uñas de las lunas

Que nacen y renacen en un cielo

Que sirven de telón para la ráfaga.

La música es un bálsamo que duele,

Oboes cernudianos y cornetas

Infantiles, tambores tan cercanos

Como el olor a goma de borrar.

Madrugan los compases cuando el paso

Se encaja entre los muros imposibles.

Madruga tu memoria en el recuerdo

Nocturno de aquel niño en su impaciencia.

Buscabas el secreto de Sevilla

Y ahora te lo encuentras de repente.

Buscabas el perdón y la ternura,

La gracia que le quita telarañas

Al gusto chocarrero del presente.

Ciudad en alquiler y en almoneda

Que vende sus mentiras y se guarda

La claridad helada de la nieve.

Si quieres encontrar esa Sevilla

Tan tuya que confundes con tu vida,

Ya sabes que el camino es el más corto.

Un arco, un callejón sin más salida

Que el regreso a los años que se fueron.

No es una procesión de gloria más.

No es un rito, ni un fósil congelado.

Trasciende al más acá de la costumbre.

El tiempo que se muere entre sus brazos

Resurge con el Niño que creó

Los soles y la lluvia, los jardines,

El pan de las Doncellas que en el horno

Crujiente del pasado te alimenta.

Caíste en el error de la nostalgia,

Y sabes que Sevilla es eso mismo.

Ahora que el azul del mediodía

Conjura la tiniebla que viviste,

Lo escribes con la tinta del fracaso.

No puedes encerrar en la sintaxis

La blanca maravilla de su nombre,

Ni el túnel vegetal que la cobija

Con esas yeserías que se abren

Al cielo que abanican las palmeras.

Domingo de retablos, Montañés

Tan hondo y teresiano en su belleza.

Blancura de la calle que se ciñe

Al blanco caminar de su cintura.

La claridad de octubre en esa tarde

Disuelta en el pretérito perfecto.

Buscabas a Sevilla y la encontraste.

Francisco Robles

Francisco Robles

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