Acto de presentación de la Asociación Gremial de Arte Sacro de Sevilla / AYUNTAMIENTO
NO DO

Gremios

El arte sacro sevillano tiene que darse a conocer en el resto del mundo como lo que es: lo mejor de su género se hace aquí
Por  0:20 h.

Se reunieron el martes para dejar por embustero al refrán que dice que no te cases ni te embarques. Se fueron al Ayuntamiento de Sevilla, como si los siglos no hubieran pasado, y allí estuvieran los corregidores y los asistentes, los caballeros veinticuatro. La palabra que iban buscando nos remite al medievo. A la Sevilla cuyas calles llevaban sus nombres: gremios. El Antiguo Régimen, que no era el de Franco por mucho que algunos puedan entenderlo así, se basaba en esa columna que vertebraba la sociedad. Gremios constituidos en algo más que asociaciones. El gremio era una manera de entender el trabajo, el mundo y la vida. El gremio regulaba las relaciones laborales, fijaba los criterios que le daban lustre al arte y a las artesanías, y dejaba al artesano en los brazos de la muerte cuando le llegaba su día. El gremio pagaba las misas y la cera, y acogía al finado en la misma cofradía que le daba su nombre: panaderos, plateros, medidores de la alhóndiga, cocheros de casas nobiliarias…

Gracias a los gremios, tenemos la Semana Santa que brilla fuera de nuestras fronteras. Imagineros, tallistas, orfebres, bordadores, doradores, ensambladores, floristas, carpinteros, estofadores… Oficios que se han perdido en la mayor parte del mundo, y que aquí siguen vigentes como el primer día. Han resistido el paso de los siglos, de las guerras y de las revoluciones, de las modas y los modismos, incluida la caída del Antiguo Régimen. Los gremios se han unido para formar esa asociación que lleva el nombre que define buena parte del arte y la artesanía que aquí se fabrica: Arte Sacro.

He aquí una de nuestras fuentes de riqueza que aún está por explotar. Somos los primeros, los líderes. Pero aún no nos hemos enterado. El arte sacro necesita un empuje hacia arriba que lo saque de lo local para colocarlo donde se merece: en la esfera de la universalidad. De eso se habló el martes en el Ayuntamiento, en el Salón Colón donde se exhibían los estrenos de la Semana Santa. El arte sacro sevillano tiene que darse a conocer en el resto del mundo como lo que es: lo mejor de su género se hace aquí. Y eso se paga. Y se cobra. Así que hora es de dejarse de tonterías.

Ante un turismo de alto poder adquisitivo, el arte sacro cumple su función a las mil maravillas. Pero eso conlleva una política de comunicación y de comercialización que está por hacer. Difundir la labor de estos artesanos es algo justo y necesario. Y eso es lo que debe hacer esta asociación recién nacida que tiene a su frente un nombre que luce en el callejero hispalense: Francisco Carrera Iglesias, que se pronuncia Paquili. El reto es enorme. Y apasionante. La ciudad que es la capital mundial de la Semana Santa no puede dejar que pasen los trenes vacíos. Hay que remangarse. Ya. Y situarnos en nuestro sitio. Somos los líderes. Y, además, conservamos el sabor de los gremios que le dieron el ser y el parecer a la Semana Santa. Si encima tenemos en cuenta que crean puestos de trabajo especializados, ¿qué mas podemos pedir? La unión hace la fuerza. A ver si es verdad…

Francisco Robles

Francisco Robles

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