El nuevo paso del Cristo de los Desamparados / M. J. RODRÍGUEZ RECHI
EN CUARENTENA

Jugar a los pasitos

Por  0:13 h.

Bien está lo que bien acaba. Unos lo verán como un baculazo, pero lo cierto y verdad es que estamos ante una medida la mar de razonable. El Arzobispado -tomemos el nombre de la institución para ser más suaves- ha decidido que la procesión con el Cristo de los Desamparados del Santo Ángel se celebre lo más lejos posible de la Semana Santa. Y que salga a la calle en andas, en piadoso vía crucis, sin música ni más abalorios que los cánticos propios del momento. Lo contrario, o sea, lo que habían preparado en el convento donde estuvo la hermandad del Valle, habría sido un despropósito.

Sí, un despropósito. Porque no podemos sacar a las imágenes a la calle así por las buenas, sin ton ni son. Nadie pone en duda las buenas intenciones de los que pretendían sacar a este portentoso crucificado de Montañés en un paso con todos sus avíos. Pero eso habría sido una bomba de relojería más contra el inicio de la Semana Santa. ¿Cómo podríamos haber explicado esa procesión con música fúnebre tras el Cristo, al más puro estilo del fashion cofrade que tanto se lleva en los que detentan el buen gusto capillita?

En esta Sevilla del siglo XXI hacen falta otros gestos, otras causas, otras procesiones que nada tienen que ver con la que se había diseñado -del verbo diseñar- en la calle Rioja. La ciudad está falta de cofradías y de espiritualidad en sus afueras, en sus suburbios, en esos barrios donde la glaciación de Dios se ve en sus calles desiertas, en su calendario vacío. Allí es donde tienen que alzarse los altares de cultos, allí es donde tienen que fundarse cofradías, o donde tendrían que trasladar sus sedes algunas de las que vegetan en el centro de la ciudad como fósiles sin alma.

Lo contrario sería caer en el error que anuncian y denuncian los viejos cofrades: jugar a los pasitos. Como si fueran cruces de mayo llevadas por niños que han pasado la cincuentena. Jugar al esteticismo que ha degenerado en el helenismo que padece la Semana Santa. Lo bello sin fundamento, ni es bello ni es verdadero. Por tanto, bien está lo que bien acaba. Que el tiempo se encargue de poner las cosas en su sitio. Y que el Sábado de Pasión sea el día grande de Torreblanca, ese trozo de Sevilla que lleva en su costado la Verdad de la Semana Santa.

Francisco Robles

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