La Esperanza Macarena / JAVIER COMAS
REVISTA PASIÓN EN SEVILLA

La rosa del arco

«El verano se acerca a paso de primavera, la madrugada pestañea en la inquietud de las afortunadas y de los insomnes, hay semáforos que no mira nadie, calles sin almas que recorran los contenedores del vacío, escaparates mudos, ventanas ciegas, estrellas que no se clavarán en su palio porque hoy no le toca salir de su casa»
Por  0:30 h.

En el principio fue el Verbo que se encarnó, con el tiempo sin tiempo de Dios, en sus entrañas. Al final será su nombre quien nos libre del espantajo de la muerte, de la angustia que se encadena al miedo y a las amígdalas. Su rostro se estira y llega hasta los cabeceros de las camas de hospital, hasta la soledad compartida con uno mismo, hasta el vacío que se abre bajo los pies cuando nos damos cuenta de nuestra condición de mortales.

Sin embargo, el rito que la oculta durante unas horas en la cámara acorazada de su camarín nos devuelve esa sonrisa que va más allá de la ilusión. La recogen en ese lugar repujado de espejos por donde no transitan las horas ni el aire. Un grupo de privilegiadas mujeres contemplan la secuencia y se empapan de su belleza. La saya va cogiendo la forma de su cintura grávida, el manto recubre la presencia y la figura, sus ojos eternamente abiertos se clavan en los que buscan su alivio.

Es de noche y una parte de la ciudad duerme. Los alfileres se van clavando amorosamente en su cuerpo de Muchacha. Los encajes van encajando en ese rostrillo que prolonga la hermosura de su cara. Azucena de pureza en su mano y una rosa invisible bajo el arco que la cobija. Los nombres de esas mujeres se los queda Ella en el costurero de su memoria, por si hay que echar un dobladillo o arreglar una cremallera que cierre el descosido del dolor.

El verano se acerca a paso de primavera, la madrugada pestañea en la inquietud de las afortunadas y de los insomnes, hay semáforos que no mira nadie, calles sin almas que recorran los contenedores del vacío, escaparates mudos, ventanas ciegas, estrellas que no se clavarán en su palio porque hoy no le toca salir de su casa. A esa hora que no cabe en los relojes hay alguien que goza de un instante único que nunca se repite porque forma parte de una instancia temporal superior: el rito. Y luego lo escribe con las manecillas del momento clavadas en el corazón. Ahora mismo acaban de vestir a la Macarena.

Francisco Robles

Francisco Robles

Francisco Robles

Últimas noticias deFrancisco Robles (Ver todo)