La Macarena por la Plaza del Cristo de Burgos / JAVIER COMAS
La Macarena por la Plaza del Cristo de Burgos / JAVIER COMAS
EN CUARENTENA

Lluvia de abril

Por  0:15 h.

La lluvia deja su alma transparente sobre todas las cosas. Romero Murube describe la mañana de este Viernes que no es Santo ni es de Dolores. Cae una lluvia fina como la memoria que se cuela por los resquicios del tiempo. Huele a café y a infancia, a los charcos en que nos metemos para que los sentimientos acaben por atraparnos. Nos sumergimos en la caída de las gotas que cuajarán en lágrimas cuando lleguen los días del gozo y la verdad, cuando la Madre llore por nosotros porque nosotros ya no podemos llorar por ella.

La lluvia va dejando su alma transparente sobre los zapatos con que leerás la ciudad cuando vuelvas a recorrerla en tu particular estación de penitencia: volver al lugar donde fuiste niño es eso, exactamente eso. Te espera la chaqueta como una coraza azul para el corazón en carne viva, las solapas que no podrán solapar el escalofrío que te llegue cuando la música te devuelva al paraíso perdido y cernudiano de la Arcadia que ya no existe. La corbata te cogerá por el cuello para recordarte -el Barroco tiene mucho peligro- que serás humo, polvo, sombra, nada.

Sin embargo, esta lluvia es la misma que nutre la sangre del naranjo para que cuaje el azahar que sientes como una punzada de deseo. Quieres comerte el mundo como entonces, cuando el asombro paso se abría en tus pupilas infantiles. Quieres gozar la pena y quieres llorar de alegría. Quieres acompasar los palios a tu vida, y abrazarte al Nazareno que te calienta por dentro con su cisco y su belleza, con su Pasión y su Poder.

Al final todo es igual y tú lo sabes. Al final te fundirás con la Amargura y la Esperanza para que la medalla recién estrenada te devuelva a la playa sin arena -el tiempo no existe en esa edad- de la niñez. Volverás al barrio donde está tu sitio, a la calle que es tu calle, al patio del Amor donde el poeta no pudo escribir el mejor poema sobre la Semana Santa, el que alumbró una luna llena de Jueves Santo desde el otro lado del mar.

Al final serás el principio. Alfa y omega en la palma y el cáliz de Juan Sierra. Todo y nada en la misma plaza. El sabor más amargo y la mirada más dulce. El Silencio vestido de blanco y la muerte teñida de verde. La lluvia deja su alma transparente sobre todas las cosas. Tu corazón no iba a ser menos.

Francisco Robles

Francisco Robles

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