La Soledad de San Lorenzo / DOMINGO POZO
REVISTA PASIÓN EN SEVILLA

Soledad

Por  0:10 h.

Su nombre lo dice todo porque se ajusta al molde imposible de la nada. La soledad es la reducción del vacío a su mínima expresión. La soledad es algo físico y metafísico, espiritual y racional, personal e intransferible. No hay nada peor en este mundo que estar solo, sentirse solo. Tan es así, que el idioma nos previene en el uso del verbo copulativo. No existe la expresión “ser solo”. Eso sería el infierno en la vida y en la muerte. Estar solo implica la posibilidad de salir de ahí, de ese agujero sin aire, de ese pozo sin brocal, de esa nada sin espuma.

La exposición que se ha celebrado en el Ayuntamiento de Sevilla durante el pasado mes de octubre nos ha traído, de golpe, ese sentimiento que encarna la Soledad. Por debajo de los ropajes de la historia, de los documentos y la plata, de las imágenes y los enseres, la Soledad. Con su mirada baja, con su llanto de arena que cae como las lágrimas del tiempo, con las manos heridas por las espinas y doloridas por el vacío que enmarca esa corona del Hijo. Esa exposición nos ha reconciliado con el mundo del arte que nutre la Semana Santa. Contenidos magníficamente elegidos, con un claro hilo argumental y con una presentación digna de un museo grande.

Últimamente la Semana Santa ha caído en un mal gusto que linda, en algunos casos, con la ordinariez. Todo vale. Una talla del siglo XVII que leva en las huellas de la gubia los golpes del Barroco es igual que un maniquí revestido. O eso dicen y pretenden. Sin embargo, esta exposición nos ha llevado hasta el núcleo de lo tangible, de los elementos que conforman la parte material de una fiesta que hunde sus raíces, como la hermandad de la Soledad, en Trento y el Renacimiento, en la cosmovisión barroca, en las crisis que ha tenido que atravesar hasta llegar a hoy, como lo demuestra el plano del tiempo donde se recogen todos los lugares donde se asentó la cofradía.

Visitar esa exposición con un sevillano tan hondo como Álvaro Pastor Torres ha sido un auténtico privilegio. Recorrer la historia de la Soledad con los documentos expuestos, con partidas de bautismo y el báculo de Spínola, con ese manto soberbio que abrocha el Sábado en que todo termina, con ese paso que tiene manigueta propia en la memoria indeleble de Santiago Martínez… Esa es la Semana Santa que soñaremos así que pasen los Reyes Magos y la Cuaresma nos lleve al reverso de la Soledad. Las tardes se alargarán, las noches frías se refugiarán en el calor creciente de los templos, el incienso se quemará como lenta cera ardida… Entonces recordaremos las palabras de Peyré que definen a la perfección la Semana Santa del interior. Toda la Soledad que deja la Virgen a su paso desaparecerá en cuanto estalle el Domingo de Ramos. Y regresará a nuestro corazón en cuanto Ella aparezca con la corona de espinas en sus manos. Esa la verdad, esa es la vida, esa es la Soledad.

Francisco Robles

Francisco Robles

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