Virgen de los Dolores
La suelta de palomas a la Virgen de los Dolores
EN CUARENTENA

La humildad del Cerro

Por  0:25 h.

Llegaron de toda Andalucía y Extremadura en busca de trabajo en la Sevilla del 29. Se asentaron en un arrabal separado de la ciudad por la frontera natural del Tamarguillo, que lo dotó de una idiosincrasia popular que pervive hasta nuestros días. El Cerro es la gran excepción de una Semana Santa cada vez más artificial y uniformada. Es la señora del moño blanco de la calle Aragón arrancando los geranios que tanto cuida durante el año para lanzárselos a la Virgen. Es Juanma recitando los anales del barrio o los ojos encharcados de Pepe tras el antifaz camino de la Catedral en su último Martes Santo con el cayado dorado. Son los chicharrones de la carnicería de José Cobo, el helado de nata con piñones del Antonino o el cartucho de pavía a tres euros de Águeda. Es el tío de los globos junto al Matadero o el traje blanco del modesto hombre  que se viste de gala en el día grande. Es la silla vacía de Angustias, la vecina ilustre, pregonera de cada Martes Santo en el micrófono de la Padilla. Es la medalla del Linde y la voz del Pope llamando «chiquillo» al patero. Es el oro bordado de Paquili y la zambra de la Coronación que pone compás a una lluvia de pétalos. Son las treinta palomas blancas, tantas como veces ha ido el barrio a la Catedral, que soltará el joyero Torrejón desde el cielo cuando suene «Campanilleros» y el palio gire hacia los que están más allá de Afán de Ribera. Es el mentón tembloroso de todo un príncipe de la Iglesia emocionado. De un cardenal a un cura de barrio. Porque el Cerro es Alfredo, profeta en su tierra, amigo inquebrantable, el hijo del carpintero al que Dios le dio la gracia de contagiar la alegría de los sacramentos y de acariciar el manto de amarguras de quien tiene hambre y sed en La Corza y de quien expira con cuidados paliativos en SanLázaro. Es la espontaneidad de María, entrañable vecina, abuela luchadora, madre orgullosa del niño seminarista que, dentro de dos semanas, ya con sotana, presidirá la primera salida del Nazareno que tiene la mejor advocación posible en este arrabal. El Cerro somos todos, migrantes por un día a las periferias, que lo mismo nos rompemos al ver el carmesí del terciopelo desteñido chorreando por la túnica en aquel infausto aguacero, que al mirar cara a cara la Humildad con mayúsculas de la Semana Santa.

Javier Macías

Javier Macías

Coordinador en Pasión en Sevilla
Redactor de ABC. Coordinador de Pasión en Sevilla