Nazarenos del Dulce Nombre saliendo el Martes Santo / JUAN FLORES
Nazarenos del Dulce Nombre saliendo el Martes Santo / JUAN FLORES
CARDO MÁXIMO

El otro 155

Se empieza por hacer una prueba, se sigue por exigir la autodeterminación y se acaba reclamando gestión del dinero
Por  0:11 h.

Si el lunes dijera: «Como no soy viernes, tan dicharachero y tan solazado, no formo parte de la semana», ¿acaso por eso no seguiría siendo parte de ella? Y si el miércoles dijera: «Ya que no soy domingo y estoy harto de ir en medio, ya no formo parte de la semana», ¿acaso dejaría de ser parte de ella? Porque las partes no pueden separarse del todo, como estamos viendo desde el martes en la sala de vistas del Tribunal Supremo. No, al menos, hasta sufrir una amputación traumática. Se empieza por hacer un referéndum de prueba, se sigue por exigir la autodeterminación a toda costa y se acaba reclamando la gestión del dinero que uno considera que le pertenece. Si alguien piensa que hablo de Cataluña, que relea el párrafo.

Porque, en realidad, este artículo va del Martes Santo y de la reafirmación del autogobierno al margen de la autoridad establecida que, con sus gestos y sus palabras, parecen alentar sus hermanos mayores. A estas alturas, la cuestión de menos es a qué hora salen o entran o en qué orden pasan por la Catedral porque el verdadero meollo de la cuestión está en quién hace prevalecer sus ideas y canta victoria. Lo del Martes hace tiempo que dejó de ser una simple controversia de paso para convertirse en un desafío en toda regla con argumentos muy parecidos a los de Cataluña: todas esas apelaciones a la idiosincrasia de las hermandades del día suenan demasiado parecidas a una especie de excepción cultural que sólo puede atenderse desde el autogobierno. Ya se sabe: qué hay de malo en que cada día se organice a su manera por aquellos que conocen de verdad los problemas que se plantean. Y el recurso, claro, a que los demás dejen de opinar porque no los entienden ni tienen nada que decir al respecto. Incluido este columnista, que ni es nazareno ni vive en Cataluña, vaya por Dios.

La política y las cofradías nunca se han llevado bien. Los arzobispos guardan un artículo 155 en la manga que es el baculazo con que suspenden la autonomía de las hermandades. Pero hasta ahora, no se había vivido un brote secesionista como el que alienta la rebelión del Martes Santo, con descalificaciones gruesas, comentarios de mal gusto y desafíos en el momento de más debilidad de quien tiene que llevar las riendas de este tiro para que no se le desboque.

Así que el día que la política entró en las cofradías –¡y vaya si ha entrado!–, la caridad salió por la ventana. Caridad no de mesa petitoria, sino caridad de verdad, de la que no se engríe, ni alardea, ni procede con bajeza, ni busca su propio interés, ni se irrita, ni tiene en cuenta el mal recibido. Y en la controversia por el orden del Martes Santo, lo que más se echa en falta es precisamente la caridad que debería presidir cualquier actuación de las cofradías. Así lo siento y así lo digo. Con perdón.

Javier Rubio

Javier Rubio

Javier Rubio

Últimas noticias deJavier Rubio (Ver todo)