CARDO MÁXIMO

La primera cordada

«La ciudad en el tiempo» va a transformar la manera en que estamos acostumbrados a ver la Semana Santa
Por  1:30 h.

Cuando Edmund Hillary y el sherpa Tenzing Norgay alcanzaron la cumbre del Everest no estaban solos. Por mucho que se diga lo contrario, con ellos iban todos los conocimientos, los consejos y las rutas que habían abierto todos los alpinistas que les habían precedido -algunos pagando su audacia con la propia vida- hasta hacer cumbre. La fama se la llevan siempre los que llegan a la cima, pero están moralmente comprometidos a compartirla en una proporción notable con quienes los llevaron hasta allí. Con «La caja de la Semana Santa», una proyección audiovisual envolvente en 180 grados que se estrenó ayer en las «Setas» de la Encarnación, pasa algo parecido. Algún día, cuando se alcance la cumbre en este tipo de planteamientos audiovisuales rompedores como el que propone la empresa Imaginasón, alguien tendrá que recordar que fueron Antonio Casado y Diego J. Geniz los que se internaron, con el arrojo de los pioneros, en un territorio hasta entonces inexplorado tendiendo así la primera ruta por la que habrán de venir muchos otros después.

Y mucho de exploración -casi iniciática- tiene su audiovisual «La ciudad en el tiempo», un prodigioso ejercicio de autor para mostrar como nunca se había visto las imágenes, los retablos y las iglesias de la Semana Santa sevillana. Si a ello se le suma que lo han grabado en un tiempo récord, que han tenido que enfrentarse al cierre cautelar de la sala del Antiquarium para la que habían previsto la proyección y han debido sortear todos los obstáculos administrativos e impedimentos técnicos que les iban saliendo al paso, el resultado reúne entonces caracteres de proeza. Ya lo era meterse en un berenjenal como el de las cofradías en pleno mes de febrero con grabaciones mañana, tarde y noche para llegar a tiempo de la fecha del estreno.

Quienes acudan hasta el mismo Jueves Santo a contemplar el documental de veinte minutos de duración van a quedar sobrecogidos con las imágenes inéditas que se muestran en las cuatro paredes sobre las que se proyectan. Esa secuencia del Cachorro visto desde los pies hasta alcanzar la vertical de los ojos ya con la veladura que presagia la expiración definitiva dispara la imaginación. Y los primerísimos planos de las tallas sorprenderán tanto a sevillanos como a forasteros. Porque, en el fondo, se trata de una impresionante lección de arte destilada en imágenes preciosistas que subrayan o se dejan subrayar -según los casos- por un hermoso texto repleto de referencias inconfundibles de la mejor producción literaria en torno a la Semana Santa.

Puede que «La ciudad en el tiempo» no sea una obra cumbre, pero va a transformar la manera en que estamos acostumbrados a ver la Semana Santa. Ese es su principal logro: haber tendido la primera cordada, asumiendo todos los riesgos, por una vertiente hasta entonces sin hollar. Los espectadores lo subrayan con una ovación cerrada al término de la proyección.

Javier Rubio

Javier Rubio

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