Devotos en el besamanos del Cautivo de Santa Genoveva / J. J. ÚBEDA

Las manos… y los besos

Por
Actualizado:

Este Domingo de Ramos no se nos caerán las manos, porque vamos a estrenar una Semana Santa inédita. No temas. No están confinadas ni la memoria ni la emoción. En el balcón, las palmas a diario. El olivo, la paciencia hasta el reencuentro. No olvides comprar pan de torrijas sin hiel. Reserva para esos días el incienso del puesto de la calle Córdoba, porque nadie le retirará la licencia en el callejero de «tu» ciudad. Abre una cerveza fría como si desde el atrio de El Tremendo te llovieran las notas de Rocío para la Redención del beso que no puedes dar. Y prepara espinacas con garbanzos y bacalao con tomate como salvoconducto para reservar mesa en el Rinconcillo de la nostalgia y ver salir el Cristo que mira a los balcones del confinamiento. El «coronel» sí tiene quien le escriba, aunque el cierre esté echado. Vas a escuchar como nunca los pitos del Silencio, porque el de esta Madrugada será el más profundo que recuerdes. La ciudad seguirá en vela, velando su propia ausencia.

Si nada cambia, tienes asegurado un sillón en la Campana, porque el primer nazareno que recuerdas es el que estaba detrás del escaparate de tu infancia. Allí estarán todos, los que dejaron la silla para siempre y los niños, que van a perder mucho más que tú, porque no hay semana como la de esos años. Ellos hablarán en el futuro de la cera que perdimos y del capataz que le enseñó por telepasión a ver lo que no pudieron ver. Es el año de los vídeos, de los pregones, de las mejores salidas grabadas en el ilimitado disco duro de lo imprescindible. Queda la palabra. Busca en el bolsillo de la chaqueta el recorte del programa de ABC y espera la luz del tramo de los libros nombrados que te enseñaron a amar «tu» Semana Santa como anticuerpo frente al olvido… A las ocho sale el lunes la Virgen de la Salud de San Gonzalo y a las ocho sale el Cristo de la Salud de San Bernardo y el de la Carretería … Mira los ángeles que aguantan la trasera de la cruz del Señor de los Gitanos, que también saldrá a las ocho, y piensa en los enfermos y en quienes les cuidan y les sanan. Y si estás triste recuerda la pena elegante de la Virgen que llora al Cristo de la Vera Cruz. Llora, como lo has hecho tantas veces tras el anonimato de tu antifaz, porque el último sudario de la próxima Semana Santa es la mortaja de tantas muertes en soledad; pero no olvides, ahora que sabes cuánto vale un beso, que el que no le vas a dar a las manos del Gran Poder se lo debes a la Esperanza.

Juan José Borrero

Juan José Borrero

Juan José Borrero

Últimas noticias deJuan José Borrero (Ver todo)