La Macarena frente a la Amargura / J. J. COMAS RODRIGUEZ
EN CUARENTENA

Dolores y Esperanza

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Para Lola, porque mañana es su santo

Esta triste cuaresma que agoniza no puede culminar sin primavera. El alma de Sevilla merece cuanto reza. No habrá pasos por las calles, pero la procesión que recorre las entrañas con el lento andar del horror de nuestros días es la cruz de guía para entender el dolor de la espina en Su cabeza. Este silencio de ruan en la avenida de la incertidumbre será heraldo del ruido de las flores porque siempre nos queda la esperanza. De domingo a domingo se estira el lienzo blanco que la explica desde el Salvador a Santa Marina.

Esta triste cuaresma que agoniza no puede culminar sin primavera. Y siento que el tiempo se escapa sin hablar de esta Semana Santa inédita que nos amenaza pertrechada de melancolía. Que no nos pille bajos de defensas. Esta no puede ser sólo la Semana Santa del You tube. Si el domingo estrenamos la nostalgia, que la cera derrita los balcones y el incienso dibuje nubes blancas con salmos que suban hasta el cielo; que las cofradías salgan a la calle de la misericordia a dar ejemplo, que el llanto sea la emoción por el reencuentro de aquello que creíamos perdido. Si dos letras mueven las montañas, que la hermandad sea un tramo interminable de frases compartidas para pedir la venia de Sevilla y disfrutar de una Semana Santa tan pura, íntima, insondable como la hermosa inocencia del primer nazareno del Amor. Que Sevilla escriba en siete palabras el pregón que necesita en este tiempo de silencio sin Silencio y se mantenga alerta en su madrugada más oscura para que la mañana nos encuentre cruzando los arcos y los puentes que marcan el rumbo hacia lo eterno.

No temas una plaza vacía este domingo, llénala de la luz de las pupilas de tu hijo, como la madre que espera en su capilla. Y cose los botones del cariño al ojal de su sonrisa. Este domingo de palmas es por ellos. A las ocho saldrán las amarguras a sonar en la ventana de los confinados hijos de Eva para hacer con su eco una marcha en la campana que llame a la emoción por los que luchan, por los que salvan; evangelio abierto en tantas UCI por la carta de Sevilla a los enfermos.

Los últimos versos del invierno quedaron guardados en un cajón esperando que abril se deshojara. Y en esto la vida fue emboscada. Despierta Sevilla que habrá tiempo de reconquistar esta luna que perdemos, con la emoción en el semblante de tus hijos, penitentes incansables en la búsqueda de las claves del dolor que calma tanta herida barroca en el vacío. Los cirios al cuadril, siempre de frente.

Por el camino más corto se aprende que la vida es tan infinita como una primavera empapada siempre de Rocío. En la sed de esa aurora vivirá la ciudad y el mundo esta semana sin semana. En un dolor de calles vacías y almas llenas bajo el plenilunio que marca ese horizonte blanco, redondo, inalcanzable y al tiempo tan a mano como el que refleja la paz de los que creen en una marisma siempre llena. La que asegura que tan cerca de donde vive la Amargura va a pasar después la Macarena.

Juan José Borrero

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