La Virgen de la Caridad del Baratillo / ABC
EN CUARENTENA

El futuro

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Llora antes por la libertad perdida que por la primavera robada. La pandemia nos incapacita para prever. Es otro de sus daños colaterales. Eso genera más incertidumbre, antesala del miedo. El desconocimiento del porvenir contrasta con nuestra vida anterior, cuando en cuestión de minutos agotábamos entradas para un macro concierto programado con nueve meses de antelación, cuando hacíamos reservas y planificábamos viajes de verano en invierno… Vivíamos tan tranquilos en esa certeza… que casi no la disfrutábamos.

En un año cualquiera estaríamos haciendo acopio de programas de Semana Santa tras la celebración del Cabildo de Toma de Horas. Estaríamos proyectando nuestro itinerario diario particular por la ciudad abierta. Qué lejos quedan las preocupaciones por el tiempo de paso por la Carrera Oficial. Discutíamos entonces por unos minutos y, llegada la fecha del acontecimiento, lo vivíamos pensando qué haríamos el año siguiente en ese mismo momento. Igual es verdad que vivíamos más aprisa o que vivíamos demasiado sin vivir verdaderamente.

Por eso, ahora, que los acontecimientos nos desbordan y nos acostumbramos a una rutina diabólica de contar muertos a cientos cada día, no hay otra prioridad que la pandemia. Acabar con ella. Esa es la esperanza para poder hablar de futuro.

Esta cuarentena cuaresmal y sanitaria solo invita a rezar y a pensar cómo ayudar desde el encierro forzado. Este es es el tiempo de sacar la cofradía que todos llevamos por dentro. Y no estaría mal que la primera en esa Campana donde se cita la emergencia fuera el Baratillo, con la Piedad y la Caridad por delante. La hermandades del Viernes Santo y Pino Montano ya han anunciado alguna acción cofrade para apoyar la lucha sanitaria contra la pandemia y sólo será una de tantas en las que seguro estarán todos los cofrades a una.

Por eso, asistimos con cierto asombro a los debates cofradieros sobre la reasignación de fechas de eventos cancelados, por precipitados y presuntuosos, cuando las hermandades deberían estar preparando esta peculiar Semana Santa de puertas cerradas sin mirar más allá. Bien está que el Vaticano ofrezca luz sobre la norma y la posibilidad de celebrar procesiones fuera del tiempo habitual, pero otra cosa es poner fecha y hora desde aquí ahora a las futuras procesiones.

Este tipo de debates es tan propio de la ciudad que contagia a otras celebraciones y corporaciones. Tal ha ocurrido con las rocieras. Dos hermandades sevillanas ya habían decidido hacer el camino sin carretas… «por el coronavirus». La Matriz almonteña, que por algo lleva ese nombre, puso esta semana cordura a tanto debate de futuro con un comunicado de suspensión «sine die» de la romería y todos los actos vinculados, del que deberíamos aprender todos. Su presidente, Santiago Padilla, resumía en una frase la evidencia: «Ahora mismo somos incapaces de predecir el futuro… que la Virgen del Rocío sea nuestra principal fuente de fortaleza y de consuelo en estos momentos y en los que están por venir». Amén.

Juan José Borrero

Juan José Borrero

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