Fernando Carrasco encarna al cartero real de las Vísperas este sábado
Fernando Carrasco, periodista de ABC de Sevilla
EN CUARENTENA

Memoria

Por  0:20 h.

No están, pero vuelven como casi siempre, y más ahora en Cuaresma. Dejaron tantas cosas por hacer, por decir, por escribir… que uno les imagina estos días escribiendo crónicas y versos, aunque parezca imposible. La evocación, ese ejercicio tan propio de este tiempo de preparación de la Semana Santa, trae recuerdos sin invocar a la memoria. No es necesario que ayer un amigo y maestro de letras recogiera el premio que lleva su nombre para recordarlo,  que sus libros sigan entre los primeros en la estantería cofrade de las librerías o que la adaptación teatral de su obra «El Hombre que esculpió a Dios» se haya representado en los Baños de la Reina Mora. No es necesario. Porque me basta ver una Vespa aparcada a la puerta del periódico para acordarme cada día de Fernando Carrasco. No sé por qué, pero casi siempre, la primera imagen que se me viene a la cabeza es la de Fernando llegando con urgencia el Viernes de Dolores desde Bellavista para escribir la crónica en ABC. Las vísperas eran para Fernando como Olivenza para los toreros, el inicio de su temporada alta de letras, esa que engarzaba la Semana Santa con la Feria y así, hasta octubre. Ayer volvió libreta en mano a la memoria para dejarme en el buzón de las cosas importantes una nota desde su Refugio tras una estampa del dulce sueño del Cristo de la Salud.

Los días de la espera me han traído otra sonrisa de Sevilla inolvidable. Se fue hace muy poco para mantener en directo ese cara a cara con el Señor de la Sentencia que nos anticipó en su pregón: «¿Cómo estás Rafa?». Este domingo muchos sevillanos estrenarán su ausencia haciendo inventario de emociones, y allí estará Rafa Serna detrás del atril: «Los ojos de la Esperanza son los primeros en mirarte y ya de ti no se apartan por más que los tiempos pasen». Por eso, tan cercana su muerte, solo puedo imaginarle ahora escribiendo sobre el blanco de las nubes, con la tinta azul del cielo que le ha pedido al Señor para el Domingo de Ramos, apuntando nuevos vivas al Lucero de su marisma, que sigue iluminando el tiempo de todas sus horas.

Y con ellos, aquí, pendiente de los ángeles, la pena da paso a la esperanza en esta cuaresma de la vida que nos prepara para entender la eternidad.

Juan José Borrero

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