EN CUARENTENA

Mi Cristo

Por  2:25 h.

Yo hoy he venido a hablar de mi Cristo. Lo digo con similar vehemencia a la que empleó Francisco Umbral para recriminar a Mercedes Milá que obviara su interés personal en aquella tertulia televisiva que recordarán los amantes de la telenostalgia. Hoy es el último artículo de esta Cuaresma y necesito escribir de Él. No hay que justificar nada. Todo este tiempo de espera termina el domingo ante mi Cristo porque ahí empieza y termina todo y, por tanto, no encuentro mejor final a esta cuarentena.

Mi Cristo es el tuyo. El posesivo es difícil de explicar desde lo racional. Es el mismo de la estampa que guardas. El de tu hermandad. Al que acompañas desde pequeño, el que presentaste a tus hijos como Hijo de Dios.

Mi Cristo es el asidero que ofrece la perspectiva perfecta a las penas intrascendentes. Me basta recordar su nombre y el peso de su mayúscula antes de quejarme.

Mi Cristo es el maestro. Tallado para impartir cátedra desde el neobarroco de su paso dorado, mira hacia abajo como si pasara lista cada Domingo de Ramos antes de someternos al mismo problema de Física: ¿Cuánto pesa la Cruz si es compartida?

Mi Cristo es el mensaje de tantos condenados a las cruces de este mundo que esperan un hermano cirineo que no se queje ante el destino y la tarea, por pesada que parezca; que su temor no sea al látigo sino a no reconocerse como hombre ante el sufrimiento del prójimo. No basta rezar con los brazos caídos. Si lo ves, mantén la mirada, no dejes que pase sin más, escucha con el alma: «Mira detrás y sígueme».

Mi Cristo es el que sufre y el que salva y el que vive y el que puede y se deja ayudar; el que sigue adelante a pesar de las adversidades, el que resiste tras caer, el que se levanta, el que llega, el que acompaña, el que triunfa…

Mi Cristo es el Cuerpo que se entrega por nosotros, que espera reciprocidad. Mi Cristo pide, exige, por eso yo solo le doy gracias por dejarme ser cada año una pequeña luz de cera roja que alumbre al menos unas horas su evangelio.

Mi Cristo es la cita, el rito, una sombra sobre la cal de Caballerizas, es el comienzo de mi Semana Santa. Mi Cristo, como el tuyo, es el hijo de María, de su Gracia y de la eterna juventud de su Esperanza.

Juan José Borrero

Juan José Borrero

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