Nazareno en un escaparate
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EN CUARENTENA

Semana Santa Olakease

«Experimentemos con la Madrugada. Juguemos. Alardeemos. Vacilemos. Porque podemos. Todos tenemos nuestros derechos»
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Tenemos los políticos que merecemos… Es una frase que oyes con frecuencia, con un contenido que te rebela. Tenemos la televisión que merecemos… otra simplicidad recurrente que tampoco admites, como la de aquellos que nos recuerdan que tenemos el sistema educativo que merecemos… ¿Y la Semana Santa merecida?

Te ha dado por pensar que, quizás, no se diferencia tanto del sistema educativo que sobrevive en tu país en las últimas décadas. Educación y cofrades eternamente adolescentes. Sin llegar a la madurez. Sin responsabilidades.

¿Que el alumno no llega a un nivel mínimo? No importa, se le adaptan los contenidos, como a la estética de las nuevas cofradías. ¿Que las clases están saturadas de alumnos? No importa, se aprietan, como las filas de los sufridos nazarenos. ¿Que el niño no sabe leer? Da igual, que se olvide de Bermejo y lea cuentas de Twitter cofrade, que son textos cortitos. ¿Que el alumno no sabe dibujar? No importa, con que sepa hacer recortables le daremos en un par de años el título de prioste diversificado. ¿Y si quiere hacer Bachillerato pero no es capaz de diferenciar el terciopelo de la pana? No pasa nada, tiene derecho, que para eso somos todos iguales, que la tradición es de carcas, el saber, de viejos; y el sentido de la responsabilidad una carga que hay que aligerar, cual figura ahuecada.

Porque el sujeto de aprendizaje tiene derecho a todo: estamos en una sociedad igualitaria: todos podemos ser cargos en juntas auxiliares, de gobierno, consultivas o superiores; como si fuera un consejo escolar que iguala el voto de catedráticos con el encargado de mantenimiento del instituto: Filosofía y fontanería integradas. Por la misma regla de tres, todos podemos ser imagineros, todos costaleros, todos creadores, todos genios, todos mayordomos, todos presidentes… Podemos, claro que podemos. Tenemos derecho. Eslogan simplista que nos permite jugar con la Historia, con las Matemáticas y con la Lógica…

Experimentemos con la Madrugada. Juguemos. Alardeemos. Vacilemos. Porque podemos. Todos tenemos nuestros derechos. Todos queremos nuestro monumento a la complacencia estúpida, si es en la Avenida, mejor. Que nadie nos suspenda, que crea traumas… Y cuando no salgan las cosas, que nadie nos pida responsabilidades. Las tendrá el profesor, o la prensa, o el tiempo… Y si interviene la autoridad eclesiástica, será como la visita del mal inspector: sólo se centrará en pedir papeles absurdos, en querer cambiar el lugar de reunión del claustro o del cabildo, y en analizar nimiedades que justificará toda la comunidad educativa con una careta de complacencia que durará el tiempo de visita o de audiencia… Y el resultado final no importará a nadie: sólo los números de aprobados, los cursos de formación patrocinados y el tiempo de paso. Porque el fracaso no puede existir. Las responsabilidades tampoco. Mi silla y mi mesa no hay quien me la quite, aunque a veces sólo sea un nini que caliento un rincón. Y los niveles bajando. Y las responsabilidades en los otros. Si fracaso en el Instituto subiré a la Universidad. Si fracaso en mi cofradía ya aprobaré en otra, o en otro estamento…

Te ha dado por pensar que Semana Santa y educación van en pareja. Nombradas en el informe Pisa: un suspenso que a nadie importa. Semana Santa Olakease, ni estudiada ni trabajada. Debería ser fiesta de niños eternos. Se ha quedado en manos de eternos adolescentes…

Manuel Jesús Roldán

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