Así se vive la Cuaresma en San Juan de la Palma
Cuaresma en San Juan de la Palma
EN CUARENTENA

Días de gloria

«Son días de gloria porque la convivencia montando los pasos regala momentos que no se podrían pagar con dinero. O limpiando la plata y eso que ya las cosas son como antes; todo se hace mucho más rápido para alborozo de los priostes»
Por  0:05 h.

Habrá quien esté pasando una Cuaresma centrándose en la nostalgia, en los tiempos pasados, en las personas que ya no están con nosotros y en la infancia perdida. Reviviendo momentos emotivos ante una imagen, un viacrucis de los muchos (e impresionantes) que cada vez se cuidan más y que se celebran por todos los barrios de la ciudad.

Pero la mayoría está viviendo días de gloria por más que la ortodoxia de la Iglesia impone la penitencia, el ayuno y la conversión.

Son días de celebraciones familiares, de liturgias sencillas aunque cargadas de sentido que muchos esperan cumplir ritualmente.

Como sacar la papeleta de sitio. Hay hermanos, primos, amigos o compañeros de tramo que todos los años quedan para ir juntos a la casa hermandad a por la papeleta. Y, tras pasar por los correspondientes hermanos (el cobrador, el secretario, el mayordomo y el diputado mayor de Gobierno) y verificar que todo está en orden, salen de la casa hermandad, (cerveza mediante si está abierto el bar para caridad) y celebran un rato de convivencia lleno de sonrisas.

O como quedar para el intercambio de túnicas entre familias o casi familias que tienen niños en edades escalonadas y van pasando los hábitos nazarenos como si fuesen un tesoro. De unos a otros. Besos, abrazos y fotos para que el álbum se vaya completando como hace ya… años.

Son días de gloria porque la convivencia montando los pasos regala momentos que no se podrían pagar con dinero. O limpiando la plata y eso que ya las cosas son como antes; todo se hace mucho más rápido para alborozo de los priostes.

¡No hay manjar más exquisito para los nutridos equipos de priostía (que abarcan de los jóvenes al vestidor más reconocido) que esas pizzas pedidas a deshoras para comerse en un rincón de los almacenes donde se guardan los enseres o en las salas anexas de los templos! Y si hay amistad con un bar del barrio que prepara montaditos, tortillas de patatas o incluso pescaíto frito, la tradición se convierte ya en sublime.

Tal vez este sea uno de los sentidos que tiene la Cuaresma en Sevilla, donde todo se exagera, todo se lleva al límite para sorpresa constante de quienes no han nacido en la ciudad pero viven aquí y no dejan de sorprenderse de cómo vivimos todo. Sobre todo las previas.

Stella Benot

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