Un niño se prueba la túnica de nazareno / LÓPEZ RAMÍREZ
Un niño se prueba la túnica de nazareno / LÓPEZ RAMÍREZ
EN CUARENTENA

La hora de sacar las túnicas

La Cuaresma es también un rito íntimo que se vive en las casas de los sevillanos con tradiciones que son, esas sí, inquebrantables
Por  0:09 h.

La fecha está marcada en rojo en los calendarios domésticos. Antes estaban en los que se colgaban de los azulejos de las cocinas y ahora en las alarmas de los móviles. Pero ni la red ni las modernidades tecnológicas pueden con lo que realmente importa.

Empieza la cuaresma así que hay que sacar las túnicas de nazareno. Urgente. Ya. No se puede esperar porque el tiempo apremia y hay mucho que hacer. En las grandes casas sevillanas se guardan colgadas en los armarios como el que ha pintado Nuria Barrera en su magnífico cartel. En los pisos modernos hay dos opciones, o se dejan en las casas de los padres, en ese armario que tenía uno de soltero, o se guardan en los altillos o en los trasteros. Se hace hueco hasta en los minipisos de las nuevas promociones de los barrios alejados que no tienen cofradías propias.

Pero da igual. El rito es el mismo, es el que cada año nos marca el paso del tiempo con una sonrisa en los labios. Las túnicas se guardan con nombres: papá, mamá, Manolo, Macarena, Miguel… para que no haya líos a la hora de repartirlas. Y nos hacen darnos cuenta de cuánto han crecido nuestros niños. «Si hace un año podía pasar el largo, este año ya no tiene solución, hay que echarle el bajo». También nos muestran cuántos años llevamos bajo ese antifaz que era negro y ahora más bien gris. Años de rezos y de plegarias con un hábito que es casi un vestido de gala.

La liturgia ahora es más fácil. Con los grupos de whassap se puede preguntar a toda la hermandad casi al mismo tiempo si alguien tiene una túnica de más para un adolescente (¡esos son los peores!) y todo el mundo contesta generoso en un galimatías que, además, supone una excusa perfecta para encontrarte con un hermano (generalmente hermana, todo hay que decirlo) a quien hace mucho que no ves y sólo coincides de año en año.

Lo único malo de todo esto es cuando la capa se ha quedado corta o el filo está ya tan negro que urge una solución. ¡Entonces sí que hay trabajo por hacer! Porque no hay trabajo más complicado en las vísperas de la Semana Santa que redondear una capa. Bueno, quizás sí, limpiar un terciopelo que lleva años tapando un rostro querido y ahora toca heredar.

Stella Benot

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