Penitentes detrás del Cristo de las Almas de los Javieres / JESÚS SPÍNOLA
Penitentes detrás del Cristo de las Almas de los Javieres / JESÚS SPÍNOLA
EN CUARENTENA

Lo que no se ve

Por  0:23 h.

El ambiente lo dice todo. Cambia la luz, cambian los olores y hasta las conversaciones de los sevillanos y forasteros por las calles. Ya es Semana Santa y no sólo porque las hermandades de vísperas pongan hoy el primer nazareno en las calles.

Es el momento de fijarse en los detalles, desde cómo gotea la cera de los cirios encendidos (¿será este el último año que lo vemos así?), hasta los bajos de las túnicas de los nazarenos que tanto juego dieron el año pasado en las redes sociales, esas amigas (¿o enemigas?) que se han vuelto inseparables de las cofradías. Los estrenos más sonados se llevarán las principales fotos de los profesionales y de los móviles de los cofrades, y es cierto que la nueva saya rosa de la Macarena o el espectacular manto recuperado de la Virgen de los Ángeles merecen una atenta mirada.

El cortejo de las cofradías tiene un valor plástico que es igual y diferente cada año, del que los sevillanos no nos cansamos y que los visitantes que lo descubren no tardan en admirar. Pero es sólo el oro que recubre lo que de verdad suponen las hermandades.

Es un tópico. Es cierto. Pero hay que insistir igual que insistimos en los detalles de la cofradía. Porque las hermandades sevillanas actuales no son de un día sino de 365 y casi sin horario de cierre.

Son esa tabla de salvación que permite a algunos hermanos cobrar un sueldo digno a final de mes, que recoge en sus casas hermandad a los más jóvenes para proponerles un plan alternativo al botellón, o que tiene programas de acompañamiento para los mayores que están necesitados o sencillamente solos y aburridos.

Las corporaciones sevillanas mantienen una importante actividad cultural en torno a los edificios religiosos que hay en Sevilla, ¿verdad Hermandad de la Antigua?, velan porque los conventos de clausura, verdaderos tesoros patrimoniales, no se caigan encima de las pocas monjitas que quedan y que viven gracias a esas hermandades.

Las obras de caridad que hacen y de las que conocemos una buena parte son una pata importante pero no el único pilar. Esta labor tranquila, cotidiana, constante y de acompañamiento de los hermanos es relevante. Sobre todo porque no hay ninguna ONG que sea capaz de atesorar tan grandísimo patrimonio.

Pero hay que aprovechar la efervescencia del momento para hacer autocrítica. Tal vez hay que analizar que se podría hacer algo más por un determinado hermano que tiene una situación delicada, o por ese otro que acaba de darse de alta como autónomo y no vende ni una escoba. Tal vez se le podría hacer algunos de los encargos menores que necesita la casa hermandad, desde abastecer la cocina hasta las cortinas de la ventana que da a la calle.

Se trata, tal vez, de mirar con sensibilidad. Con la sensibilidad y el corazón de hermano que nos enseña Quien va arriba del paso.

Stella Benot

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