El arzobispo impone la medalla al presidente del Consejo, Francisco Vélez / V. GÓMEZ

Primer golpe. Camarada Pacovich

Por  7:00 h.

El mundo de la Semana Santa no es ajeno a las prácticas de difusión de bulos para influir en las corrientes de opinión. Parece que es efectiva en el mundo de la posverdad en el que tanto cuesta distinguir una noticia verdadera de una falsa. Con el Martes Santo ha pasado algo así.  Se ha querido fabricar una imagen del Consejo como el gran manipulador que ha ido alterando opiniones y voluntades, o comprándolas directamente y así crear un relato favorable a la opción contraria.  Los que escribimos o analizamos éramos simplemente terminales de esa maquinaria controlada por un Paco Velez convertido en el camarada Pacovich que desde su dacha de San Gregorio manejaba el sistema de intoxicación.

Pero a veces la certeza derrumba el edificio construido con falsedades para desacreditar a los que opinan diferente.  En este caso ese hecho ocurrió el viernes.  Asenjo había sido muy claro en su opinión sobre todo esto del Martes Santo, pero en el mes que ha estado de baja hasta sus palabras se reinterpretaban. Antes de ayer fue contundente en dos cosas, en avalar el sentido de peregrinación de la carrera oficial -esto es muy importante- y en pegar un zapatazo para zanjar todo el asunto: ¡que nos dejen en paz! Si hay algo que define al mitrado es su claridad. El viernes fue Asenjo en estado puro.  Aunque siempre habrá quien piense que no era él, sino el camarada Pacovich disfrazado de Arzobispo.

José Cretario

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