Merece la pena
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Merece la pena

Por  1:34 h.

Con cierta preocupación, recibimos la pasada semana la noticia de que este año, después de casi dos décadas, podría no retransmitirse la Semana Santa de Sevilla por televisión.

La falta de participación de Localia y Popular TV en el proyecto, por cierre de ambas entidades; el coste elevado de la señal de televisión, y el consiguiente aumento de la cuota económica a sufragar por las cadenas interesadas, puede dar al traste con una forma distinta de ver y vivir la Semana Santa de Sevilla.

Las retransmisiones televisivas, han supuesto una de las más brillantes aportaciones al mundo de las cofradías. No nos engañemos. Aparte del servicio que prestan a quienes no pueden o no les apetece desplazarse al centro de Sevilla en estos dias, la televisión ejerce de fedataria de la historia de las cofradías. Este medio audiovisual ofrece acontecimientos históricos que las cofradías guardan como preciados tesoros. Los primeros hermanos del Carmen o el Polígono que llegaron a la Campana pueden atestiguarlo. Gracias a la televisión, diputados mayores, juntas de gobierno o responsables del Consejo de Cofradías, adquieren elementos de juicio suficientes para corregir o atenuar defectos en los cortejos procesionales. Los sucesos de la Madrugada de 2000, serían difíciles de creer de no ser por las grabaciones televisivas.

Resulta paradójico que para que la Semana Santa de Sevilla llegue a todos los lugares y que todos disfrutemos de las retransmisiones, empresas privadas sustentadas principalmente por la publicidad, han de desempeñar un servicio público, facilitar un medio de divulgación de Sevilla y su Semana Mayor, proporcionar interesantes documentos visuales para archivos, y servir de herramienta a quienes tienen responsabilidades.

Las cantidades que se barajan, -en torno a 80.000 €- no son prohibitivas a la hora de redactar convenios de colaboración entre organismos públicos, Consejo de Cofradías, incluso patrocinadores privados. Así podría solucionarse un problema con el que no contábamos, y que parece un exponente más de la crisis económica que sufrimos.

De este esfuerzo económico, se harían principales beneficiarios los mayores, los enfermos, los impedidos, y los ausentes. Parece que, al final, todo tendrá solución. Merece la pena.