Aguas y aguas
Aguas y aguas 34385

Aguas y aguas

Por  17:11 h.

No hay duda de que el verano es una época fecunda de nuestro almanaque, en la que se gestan ideas y proyectos que meses más tarde tendrán su carta de presentación durante el curso que comienza en septiembre. También el verano es tiempo de vacaciones, de playas, de desconectar de todo. Bueno, de casi todo. Algunos seguimos pensando en una semana en torno a la cual gira nuestra vida.

Lo mismo pudo pasarle a Santiago Ramos Castro, músico del “Soria 9”. Verano del 53 en Cádiz. Paseando por la playa de la Caleta. El arrullo de las olas que inspiraba a las gentes del carnaval, traía esta vez disuelto un fuerte de bajos con sonoridad de agua marina y acompañado de espuma de cornetas. La brisa pondría el contrapunto a aquella joya musical que se gestaba en pentagramas de arena y sol. Poco a poco, junto a la Viña, se escribía la banda sonora de un paso de palio.

Pasó el verano y el músico volvió a Sevilla con su partitura bajo el brazo. Las aguas del mar de Cádiz fueron su inspiración y el mar de Aguas del Museo, su dedicación.

Sería el siguiente Lunes Santo el día de su estreno, pero ¡ay! el agua, esta vez, no estuvo de su parte. La primera interpretación de “Virgen de las Aguas” se pospuso al mes de mayo, y aquellas notas alegres y decididas, acompañaron a una primitiva Concepción del Silencio que salía a las calles por última vez. Curiosa contradicción. Estreno de una marcha para el adiós a una Dolorosa.

Santiago Ramos murió joven. Dicen que escribía su segunda marcha. Quedó inacabada y también tuvo su relación con las aguas. Esta vez, las que se desbordaron del Tamarguillo, que la hicieron desaparecer.

Aún así, la calidad de aquel pentagrama traído de Cádiz, le bastó para escribir su nombre en los anales de la memoria. Precisamente la memoria de su nacimiento, del que ahora se cumplen 100 años.