Nazarenos del Calvario saliendo de la Magdalena / JUAN FLORES

Como pez fuera del agua

Por  0:05 h.

Cuenta la fábula que un pez vivía en un estanque que, poco a poco, se fue contaminando. Un buen día el pez decidió que no podía resistir más ese ambiente corrompido y salió fuera del agua para poder respirar. Lógicamente cuando salió murió.

La moraleja es que cuando hay dificultades la solución no es huir de los problemas, ni tratar de convivir con ellos, sino resolverlos. Que la sociedad actual presenta problemas es evidente. Quizá los mismos que ha venido arrastrando a lo largo de toda la historia; pero ahora las tecnologías de la información facilitan la globalización casi inmediata de las corrientes de pensamiento.
Las hermandades, como los peces, viven en el gran océano de la sociedad civil y deben desarrollar su capacidad de análisis para determinar en cada momento las mareas o corrientes que les afectan. No pueden aislarse de su entorno.
En los siglos XIX y XX el marxismo y su modelo dialéctico se extendió por buena parte de Europa. La revolución del proletariado debía conducir a un nuevos estado con una economía centralizada y sin clases. En 1989 el modelo fracasó definitivamente en lo económico y en la construcción de su utopía.

Fracasada la lucha de clases como motor de la historia para alcanzar un mundo mejor, los ideólogos del totalitarismo se empeñan ahora en resucitarla, sustituyendo al proletariado por colectivos, más o menos artificiales, supuestamente agraviados. Se trata de identificar y aglutinar a las minorías descontentas que están dispersas en el sistema capitalista, para que sean esos “colectivos identitarios” los nuevos protagonistas de la revolución social, en sustitución del proletariado.

El feminismo, el ecologismo, las minorías étnicas o sexuales implican “la extensión de la conflictividad a una amplia variedad de terrenos y crea el potencial para la revolución”, dicen. Se trata de aglutinar todos esos descontentos, reales o creados, en colectivos a los que se les dota de una supuesta identidad común en base a los agravios que sufren o a las causas por la que luchan. El motor de la historia ya no es el gran colectivo del proletariado, hoy difuminado, ahora son esos colectivos, caldo de cultivo del populismo. Todos tienen algo en común: la pérdida de la singularidad. La persona se diluye en un colectivo difuso al que entrega su libertad. Se pierde en un rebaño necesitado de un pastor y un mastín.

Normalmente las causas que aglutinan a esos grupos son plausibles y, planteadas desde la reflexión personal y ponderada, resultan dignas de consideración. El problema se plantea cuando esa capacidad de reflexión se entrega al colectivo que marcará lo que cada uno debe pensar y decir sobre esos temas.
Los líderes políticos movilizan a sus seguidores en torno a la idea de que han sufrido agravios y se debe restituir su dignidad. La “política de identidad” ha dejado de ser un fenómeno menor para convertirse en un marco conceptual que explica en gran medida lo que está ocurriendo en algunos movimientos sociales. ¿Y las hermandades? Las hermandades forman parte de la sociedad. También en ella puede haber grupos que se sienten agraviados, ninguneados, o, sencillamente, que no tocan poder y se van contaminando con estos modelos de pensamiento.

Pueden ser grupos de hermandades, agrupadas bajo los más diversos criterios; de hermanos que están o se consideran marginados; de laicos que buscan un empoderamiento, como se dice ahora, que no es más que un «clericalismo más preocupado por dominar espacios que por generar procesos». (FRANCISCO 19 marzo 2016). Todos ellos conjugando el «nosotros», renunciando así a la libertad que Cristo nos ganó.

Es necesario adquirir perspectiva global. Hay quien ve la vida, juzga los acontecimientos y toma decisiones desde la perspectiva limitada de su hermandad. En una sociedad cada vez más global y compleja esto es una fuente de fracasos. Necesitamos Juntas de Gobierno capaces de tender puentes y moverse por las complejidades de un mundo cada vez más globalizado, no sólo en sentido geográfico, sino en el microcultural. También dispuestas a adoptar un enfoque cooperativo y generoso para ayudar a la reconstrucción de los cimientos de la sociedad.

Y además de todo lo anterior tampoco debe olvidarse ajustar el tiempo de paso por Campana.

Ignacio Valduérteles

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