Respeto

No es casualidad que las fotos más escabrosas llevasen muchos años guardadas en los archivos del Ministerio
Por  12:17 h.

La divulgación por parte del Ministerio de Cultura de las fotografías más escabrosas de la restauración de diferentes imágenes de la Semana Santa de Sevilla es una torpeza inaceptable que el ministro ha paliado al pedir disculpas y ofrecer a las hermandades la retirada de las mismas si así lo desean. La honrosa rectificación solo tuvo lugar después de que ABC divulgara la noticia y de que diversos hermanos mayores protestasen ante el Ministerio, incluso amenazando con la interposición de demandas judiciales. Pero la difusión al público generalista de las principales tallas de la Semana Santa de Sevilla desnudas, desmembradas o atrapadas entre tornos metálicos como potros de tortura no solo revela la impericia de este Gobierno en funciones, sino la falta absoluta de sensibilidad con la fe católica. Y esto ya no es un descuido puntual, sino una actitud pertinaz y premeditada.

La difusión pública de estas imágenes tan hirientes para los católicos sevillanos puede ser involuntaria, pero delata el desprecio al factor religioso en la gestión cotidiana de un ámbito tan especifico como la cultura. Si el Instituto del Patrimonio Cultural de España iba a abrir a la sociedad miles de fotografías de restauraciones de imágenes religiosas, no era tan difícil preveer que alguna podría resultar hiriente para los católicos y aplicar el filtro correspondiente, reservando las más impactantes para círculos estrictamente profesionales. Cuesta pensar que el Ministerio tuviese la misma falta de tacto con otras religiones: si las fotografías difundidas hubiesen vulnerado la sensibilidad islámica o budista, probablemente alguien hubiese caído en activar mecanismos de protección.

Las polémicas fotografías difundidas en internet no son recientes. No es casualidad que llevasen muchos años guardadas en los archivos del Ministerio. No se trataba de censura, ya que los documentos eran sobradamente conocidos por los profesionales de la restauración e incluso estaban accesibles para cualquier ciudadano que solicitase su consulta. Pero la decisión de divulgarlos de forma indiscriminada anula la prudencia, o más bien el pudor, que ha estado vigente durante décadas. Probablemente el razonamiento en que se basa la decisión sea el mismo que muchos exponían ayer en las redes sociales: se trata de datos públicos sobre trabajos de restauración de cuadros y tallas, y no tiene sentido su ocultación. Pero no se trata de ocultar, sino de respetar los sentimientos de cientos de miles de ciudadanos. Porque las imágenes de las cofradías no son meras tallas de madera; representan la fe y unas convicciones que arraigan en lo más íntimo del alma. Para mucha gente son lo más parecido a un padre o una madre. Y a nadie le gusta ver a su padre descuartizado.