La Virgen de la Amargura
CIEN PALABRAS

Sutiles lecciones

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A Bernardo Castro

Tu Sevilla está igual. La de verdad, esa que a ambos nos gustaba tanto sigue tan íntima como tú. Se deja querer lentamente, como en un ocaso exasperante. Ella era tu perfecta razón de amor, ideal objeto de esa forma tuya de apreciar inadvertidamente. Quizá te inspiraba tus geniales golpes de belleza, como unos caramelos regalados. Maestro en sus cosas más ciertas y sutiles… en ellas siempre permanecerás: en la sarga blanca de los caballos, en el serrín de Vizcaíno, en la mano de la Amargura o en los rosarios de Sor Ángela. Y volverás.