Esperanza Macarena / RECHI
Esperanza Macarena / RECHI
REVISTA PASIÓN EN SEVILLA

Una paloma por San Gil

«Por San Gil siempre sobrevuela la paloma del espíritu. Esa que bendice, vigila, guarda y resguarda cada segundo de la madre de Dios en Sevilla. Los macarenos andan contentos estos días».
Por  2:48 h.

Tiene Borges un soneto dedicado a John Keats que remata con una media verónica que aún está esperando un bardo que le empate. Dice así: “Fuiste el fuego. En la pánica memoria/no eres hoy la ceniza. Eres la gloria”. Y leyéndolo me acordé de ti, Esperanza de todos y de la Macarena, sobreviviente de aquel Moscú sevillano de bombas, fuegos y aceras regadas con la sangre inocente de las amapolas. Con Borges a Keats. Y desde semejante altura al cerro macareno, que es cima con huertas y olivos donde la Paloma de San Gil sobrevuela los dolores y engollipados del alma,del alma cuando está muy sola. Grande Borges. Y sobrenatural la Virgen de la muralla norte. La Madre que da sentido al viejo alfabeto de la vida y la muerte. Esa paloma que sobrevuela San Gil es para los macarenos la mano invisible y santa de un espíritu que siempre la acompañó. Desde los días tensos y furiosos donde la encajonaron para dormir en una casa de vecinos hasta cada triunfal salida, como una diosa oriental, entre cascadas de pétalos de rosas y borrascosas nubes de incienso. Por San Gil siempre sobrevuela la paloma del espíritu. Esa que bendice, vigila, guarda y resguarda cada segundo de la madre de Dios en Sevilla. Los macarenos andan contentos estos días. Lo han estado, por decirlo claro y alto, desde el pasado mes de octubre. Cuando cumplieron los cincuenta años de la consagración del templo macareno y su posterior dedicación a Basílica en 1966. Cincuenta años han pasado desde que, atragantados por las duquelas, ahogados por las fatiguitas del destino, culminaron el esfuerzo corajudo, encastado y rebosante de fe de darle un techo a la Virgen y convertir ese techo que tenía paredes de cales lisas, en una basílica de mármol y oro, como si fuera el templo del Júpiter capitolino.

Treinta años duró aquella travesía del desierto que llevó a Esperanza a su casa nueva. Y a los macarenos a cumplir el sueño de los hijos buenos: dándole maravilla para el cobijo de Madre. “Ya la Macarena tiene/el Templo que merecía” le cantaba Rodríguez Buzón. “El Palacio que le cuadra/ a su pena y alegría”. Y la capilla que nació tras el 36 se consagró para convertirse en basílica en el 66. En treinta años durísimos donde abundó la escasez y la penuria fue boyantía. ¿Cómo conseguir un camión de cemento? ¿Con qué dinero pagamos al contratista? Teresa Díaz cedió un solar de su propiedad en la calle Bécquer. Y ahí comenzó a andar la procesión de los años más duros.

De la peregrinación en busca de levantar una casa. Un Jueves Santo de por entonces, cuando para construir la nueva capilla había que aprovechar los restos del derribo de la anterior construcción, se presentó por la mañana uno de los contratistas con la factura. Lo había estado pregonando meses antes: un día de estos me paso por allí para cobrar. Había hecho un trabajo concienzudo, de importancia constructiva y económica. La Junta le temía a esa factura. Porque la liquidez estaba atrapada por las telarañas. El hombre no tuvo mejor ocurrencia que ir a presentarla un Jueves Santo por la mañana. El hermano mayor y los oficiales no encontraban sitio donde esconderse. Finalmente el sobre de la factura llegó a las manos del hermano mayor que, en el despacho, con los hermanos de su confianza, procedió a abrir la carta. A alguno se le antojó, como un alivio para el alma, que Esperanza los mirara con su alegría y pena. Un alivio, Señora, que estamos tan hundidos como los ojos que pone el hambre en los rostros de la Sevilla más pobre. Abrieron el sobre y todas las miradas se clavaron en la suma final del presupuesto: cero pesetas. Me juran que hubo lágrimas, abrazos y miradas al cielo. El contratista, como  tantos y tantos macarenos y sevillanos, quiso también echar su peoná de gracia y Esperanza. Que ya iba bien pagado con tener el privilegio de trabajar para su Casa. Llevan razón los macarenos para estar alegres estos días. Y para decir, en la amable confidencialidad de los tintos sin gaseosa, que por San Gil sobrevuela una paloma que siempre bate sus alas para espantar lo negro. Y darle la razón a Borges en aquellas estrofas a Keats que parece que las escribió pensando en el templo de la muralla: “ Fuiste el fuego. En la pánica memoria/no eres hoy la ceniza. Eres la gloria…”

Son versos populares, música en las letras de su poema “A tal Dama tal Honor”. Y después coronando a la Madre. Y por último convirtiendoaquella casa en el hogar de tanta y tan sobrada majestad.