Altar de quinario de Los Estudiantes / RECHI
REVISTA PASIÓN EN SEVILLA

Vísperas de ayer

«Y en medio de esa procesión vuelves a verte a ti mismo, al que fuiste una vez y sigues siendo ahora. Y ves también que siguen estando a tu lado quienes creíste que se habían ido. Y comprendes que no todo es efímero, que siempre no es siempre una entelequia, que lo eterno existe»
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Hace ya mucho tiempo que esperas cada año la llegada de estos días no por lo que te anticipan de un futuro que ya tocas con las manos, sino por lo que te devuelven de un ayer que se aleja más y más conforme vas arrancando las hojas del almanaque; hojas que son de un libro cuyas páginas se borran nada más ser escritas, casi sin dar tiempo a ser leídas. Un ayer que quisiste retener –tu vida– pero que huye y te rehúye como una sombra imposible de atrapar, como el rastro de un cometa que voló hasta perderse en una dimensión remota, más allá de todas las coordenadas. Y aunque su espíritu quedó flotando en el limbo de tu memoria, te quedó también la certeza de que aquellas horas que aún laten en tu pecho se fueron irremisiblemente para no volver; y esa certeza es como un puñal que te atraviesa el corazón; la certeza que te recuerda todo lo que perdiste, todo lo que el tiempo te quitó. Por eso esperas
cada año la llegada de estos días; porque en su luz, en su cielo, en su color y en su aroma traen enredado el milagro que hace detenerse al sol un poco más cada tarde; que hace desandar al tiempo lo andado para que de nuevo vuelva a ser hoy ese ayer que fue una vez; sí, quizá tan sólo lo sea en tu corazón, pero ¿dónde mejor? Vísperas lo llaman.

Quinario de Montserrat / M. J. RODRÍGUEZ RECHI

El pueblo celebra que se acercan los días grandes, ya los presiente, los vive por anticipado, y es feliz asistiendo a sus preparativos. Las funciones de los nazarenos de enero; los besamanos de la Paz y el Refugio; el vía crucis en San Julián del Cristo de la Buena  Muerte…Vuelve a fluir el río de los ritos, por cuyas aguas navega una ilusión colectiva. Sobre los azulejos de siempre en las iglesias de siempre han pegado ya las convoca torias de siempre, anunciando los cultos de siempre, formando todas el mismo abigarrado y caótico collage de siempre. Siempre. Mas la gente quiere que el tiempo corra, que pase y se vaya; que este siempre sea tan efímero… como siempre. Acabarán lamentándolo, lo sabes bien.

Aunque tú, que también quisiste ver volar las horas cuando la memoria no te delataba tantos vacíos en el alma, ahora ya no lo hagas, pues ese tiempo que nunca discurre a la velocidad que le pedimos te enseñó a leer en los signos de estos días para que comprendieses que no hay otra como la procesión que ahora te recorre por dentro, cuando la luz de la tarde, en vez de apagarse, se derrama, cuando en la penumbra de un templo vacío adivinas el rincón que aguarda la llegada de una parihuela, cuando desde algún lugar el viento trae el eco de unos tambores que ensayan a lo lejos, cuando a la vuelta de una esquina te cruzas con el primero que fue a hacerse el capirote, cuando al frío de la noche lo atraviesa una espada de incienso… Y en medio de esa procesión vuelves a verte a ti mismo, al que fuiste una vez y sigues siendo ahora. Y ves también que siguen estando a tu lado quienes creíste que se habían ido. Y comprendes que no todo es efímero, que siempre no es siempre una entelequia, que lo eterno existe.

Cristo de las Penas de San Roque / M. J. RODRÍGUEZ RECHI

Otra vez huele en Sevilla a Semana Santa. Han llegado un año más los días que estabas esperando. Fuera, todo es expectación, vísperas. Una ilusión colectiva que ya se encargará el hombre del tiempo de poner en entredicho. Tú, sin embargo, no necesitas hacerte ilusiones. En tu peco se alza en esta hora una cruz de guía labrada de emoción y sentimiento. Para ti, estas vísperas de hoy no son, como para todos los demás, la antesala de ningún mañana breve, sino la puerta hacia un ayer eterno que se quedó en ti para siempre y que nada ni nadie podrá arrebatarte ya. Ni el tiempo, por mucho que corra.