Las cruces de guía de la Semana Santa de Sevilla

Por  14:46 h.

Las cruces de guía son una estampa muy singular de la Semana Santa de Sevilla. Encarnan la espera de una cofradía al transitar por un determinado lugar. En esa calma hasta que aparecen, aflora lo mejor que alberga nuestra memoria. Se recuerdan a familiares y amigos que ya no están entre nosotros. Se mira a los más pequeños con la esperanza de que las siguientes generaciones se empapen y adopten como suyas nuestras vivencias, con una y otra cofradía.

En ese instante, la aparición de las cruces rompe cualquier pensamiento que evoque al pasado y al futuro y nos devuelven al hoy para ampliar, aun más si cabe, nuestra experiencia con la Pasión de Cristo. Ese nazareno que porta la Cruz, abre la Semana Santa de cada uno, ya sea anunciada con banda de cornetas o sin ella.

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Y es que, atrás quedaron aquellas bandas a caballo que precedían a los cortejos de cada hermandad, que rivalizaban por conseguir el galón a la mejor formación musical. En la actualidad, sólo La Paz lleva un escuadrón a caballo abriendo la comitiva. La cruz de guía es la encargada de abrir el cortejo de todas las hermandades que llevan a cabo su estación de penitencia a la Santa Iglesia Catedral. Es, por sí sola, un símbolo de cada corporación nazarena y, en muchos casos, piezas de indudable valor artístico. Además, la mayoría reflejan en sus tallas las características de cada hermandad y las distintas formas de entender la tradición: la sobriedad, el recogimiento, la austeridad; o también, la opulencia, riqueza o exuberancia.

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Existen cruces de guía que tienen un marcado carácter sobrio en la Semana Santa de Sevilla. En estos casos no existe la plata, dorado o labrado. Son cruces de carácter arbóreo como ocurre en las cofradías de Los Javieres o El Calvario. Otras son titulares de la hermandad, como ocurre en El Silencio -como se puede observar en la imagen de la izquierda- con la Cruz de Jerusalén, a la que se le canta una saeta a la salida de su sede. La hermandad de El Sol lleva insertado un Lignum Crucis en su cruz de guía, que va escoltada por acólitos turiferarios y ceriferarios.

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En Vera Cruz esta insignia que abre la cofradía, tiene inscrita la leyenda «Toma tu cruz y sígueme». Y, en la Soledad de San Buenaventura también es titular de la hermandad ya que ésta se fundó en torno a la Cruz de Caño Quebrado, hoy representada en la cruz de guía, realizada en plata y sándalo, de la hermandad. En Santa Cruz, cuatro faroles acompañan a su cruz de guía, en plata de ley, representando la Santa Cruz de cerrajería de su propio barrio y los cuatro puntos de luz que la iluminan. La Hermandad, en este caso, se convierte en una parte intrínseca de esta zona de la ciudad reflejada desde el inicio del cortejo procesional.

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Hay otras cofradías con cruces de guía que tienen tallados elementos pasionistas en su crucero, como ocurre en las hermandades del Gran Poder, la Lanzada o la Exaltación. Todas ellas doradas sobre madera tallada de forma prodigiosa. Las hermandades de la Quinta Angustia, Pasión o la Sagrada Mortaja mantienen cruces alzadas como signo inequívoco de sobriedad. La primera de ellas, incluso velado con un paño morado. Se singulariza claramente el inicio de la procesión, que anuncia una forma clara el sentir y el vivir de esta tradición centenaria, que no es otra que la celebración de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo.

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La de Pasión tiene un sonido inconfundible. Lleva una serie de campanillas al igual que ocurre con el acompañamiento de la cruz de guía de la Sagrada Mortaja, con servidores y libreas portando faroles de mano y el muñidor. Es uno de los sonidos más singulares de la Semana Santa de Sevilla. Y relacionada también con la música, la cruz de guía de la hermandad de los Servitas -que se puede observar en la imagen de la izquierda- es la única que escucha los sones de una música de capilla. Oír «saetillas» al contemplar el inicio de este cortejo es toda una delicia para los sentidos.

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La hermandad de Las Siete Palabras mantiene una de las cruces de guía más antiguas de la capital hispalense. No obstante, si existe una imagen única en la Semana Santa de Sevilla, esa es la cruz de guía de lahermandad de la Amargura. La escena de los cuatro nazarenos con la cola recogida en su brazo, con la Cruz de Malta en el pecho, túnicas blancas, dos faroles, el fiscal y la Cruz… A pesar de ser reproducida en tantas ocasiones y ser símbolo de nuestra Semana Santa en tantas otras, esa Cruz es Sevilla en estado puro.

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Cruces de Guía de barrio

La exuberancia la podemos contemplar en muchas cofradías, sobre todo en las de barrio. Ejemplos claros se observan en las cruces de guía de las hermandades de la Esperanza de Triana y la Macarena. La plata de ley repujada rebosa en el inicio de estas cofradías que se dirigen al Templo Metropolitano desde dos de los barrios más emblemáticos de la ciudad. El trabajo de Jesús Domínguez Vázquez y Manuel Seco Velasco, respectivamente, singularizó el inicio de estas comitivas de la Madrugá de Sevilla.

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La cruz de guía de San Benito es otro ejemplo de esta tipología, donde cristalizó el gran trabajo de la talla a cargo de Antonio Martín con ángeles de Rafael Barbero. Otros ejemplos de cruces de guía de barrios se pueden admirar en la hermandad de Los Gitanos, obra de Antonio Vega; La Sed, de Manuel de los Ríos; en las cofradías de Montesión y La Estrella -como se puede observar en la imagen de la izquierda-, ambas de Jesús Domínguez; en la cruz de guía de El Cachorro, obra de Rafael Román, realizada en plata y carey en el año 1917; La O, San Bernardo

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De todas formas, la bajada de la rampa de la Colegial del Divino Salvador de la cruz de guía de la Archicofradía del Amor portada por nazarenos negros, delante de los pequeños nazarenos blancos, es una estampa que abre la Semana Santa de Sevilla de siempre y que pone en marcha el reloj que refleja que todo se está consumando. Es el inicio de casi todo. Con esa cruz de guía pueden estar reflejado el alma y el corazón de tantos cofrades que piensan que un año más han llegado al encuentro con la Jerusalén de Occidente.