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«Todos los caminos» Dani Rovira relata su atropello durante el rodaje de «Todos los caminos»: «No sentí miedo»

El actor, que protagoniza el documental «Todos los caminos» para visibilizar el síndrome de Rett, habla con ABC sobre cómo fue su experiencia de pedalear 1.500 km desde Barcelona a Roma

Dani Rovira durante una entrevista en la que presentaban «Todos los caminos» - EFE / Vídeo: El escalofriante atropello que sufrió Dani Rovira durante el rodaje
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Hace tan solo unos años que Dani Rovira conoció a Francisco Santiago, más conocido como Paco, un padre que le habló de Martina, su hija a la que acaban de diagnosticar con el síndrome de Rett, una enfermedad rara que afecta al sistema nervioso. Desde entonces, esta lucha también es la de actor y por eso, ante su propuesta de ir en bicicleta desde Barcelona hasta Roma para hablar con el Papa Francisco, no pudo resistirse: «Sin ser creyente fui consciente de que era una oportunidad muy chula porque el Papa es un influencer».

Un reto de 1.500 kilómetros al que se sumaron Germán Torres, bombero, y Martin Giacchetta, entrenador personal. Once días en los que parar no era una opción y que han quedado reflejados en el documental «Todos los caminos», cuya recaudación irá al Hospital San Juan de Dios de Barcelona. Una aventura relatada con cuatro visiones diferentes del camino y una misma meta: poner su grano de arena para dar a conocer el síndrome de Rett. «Al principio creímos que íbamos a estar los cuatro chalaos con un móvil cada uno para hacer un diario de bitácoras, pero el proyecto fue creciendo hasta que contactamos con Paola García para hacer un corto y salió un largo», explica.

El actor espera que esta película cumpla las funciones del cine que, según él, van más allá de entretener: «Es una herramienta multidisciplinar que sirve para informar, denunciar, para contagiar, enfadar… y este tipo de cine me gusta mucho», confiesa. «Estoy seguro de que los espectadores van a salir con una inyección de energía y de querer hacer cosas».

Esa es justamente la filosofía que desarrollan él y su novia, Clara Lago, con la Fundación Ochotumbao. «Me molaría que el documental fuera contagioso, un reflejo de la sociedad en la que siempre existe un huequito para ayudar. Aquí no solo nos unimos todos para ayudar a Paco, sino que en el día a día también lo hacíamos entre nosotros. Si se puede hacer con cuatro personas que hasta hace unos años no nos conocíamos ¿por qué no ocurre en la sociedad? Me da mucha pena que España se esté transformando en un sitio bastante hostil y gris en el que se están coartando libertades. Esto se está convirtiendo un poco en la Edad Media, donde va a venir una marcha enfurecida con las antorchas y te da miedo ser el Frankenstein de turno».

El documental muestra al Rovira más solidario, una perspectiva que aunque ya se vislumbra en «100 metros» o en las diferentes actividades de las que ha formado parte, en esta ocasión los espectadores lo verán como es él mismo: «Es más fácil que estar escudado en un personaje», sostiene. Durante el trayecto no faltan las risas, que «fueron la banda sonora», aunque también hubo momentos difíciles a los que debieron enfrentarse. No solo superaron al cansancio; en una de las etapas un coche los arrolló. «Sabemos cómo sucedió porque se grabó. Estuve todo ese día en shock, no sentí miedo, eso me llegó al día siguiente cuando tuve que volver a montar en la bicicleta. Ahí fue cuando me empezaron a temblar las piernas. Fue un punto de inflexión en el documental y una metáfora de lo que te puede pasar: hoy te atropella un coche, mañana te toca la lotería y pasado te diagnostican esclerosis múltiple, la vida es así», señala Rovira.

Una odisea para ver a Francisco

El síndrome de Rett es una enfermedad rara que actualmente no tiene cura y padecen más de 2.500 niñas en España. Paco es el padre de una de ellas, Martina, y no quiso quedarse de brazos cruzados cuando le dieron el diagnóstico a su pequeña. «Aquel día fue como si se muriera un hijo. Culpé a la vida, a mi mujer, a mí mismo... Estábamos totalmente a oscuras en casa, venga a llorar, y pensé, Paco, esto no puede ser, no podemos seguir así. Y entonces subimos las persianas. Me dije: “Si no puedo hacer nada por curarla, voy a conseguir mucho dinero para lograr que se investigue”. Desde entonces no he parado, no puedo parar», explica en el documental. Así que cuando logró una audiencia con el Papa supo que tenía que darle la mayor visibilidad posible, por él, por su familia y por todas aquellos que estaban en su misma situación.

Montado en bicicleta junto a sus compañeros de aventuras no paró de pedalear a pesar de que en ocasiones le faltaban las fuerzas. Cada día una fotografía de una niña que sufría esta enfermedad era su guía y ni el accidente de tráfico que sufrieron de camino al Vaticano lo hizo dudar. La bendición del Papa Francisco a su hija puso punto final a su odisea en bici, pero no a su lucha.