ES NOTICIA

Cuando Disney quiso cancelar «Toy Story» porque Woody era «imbécil»

El presidente de la compañía pretendía que fuese una película musical. John Lasseter suplicó dos semanas de margen para reescribir el guion y Steve Jobs las pagó de su bolsillo

Escena de Toy Story
Escena de Toy Story
Actualizado
Enviar noticia por correo electrónico

La primera vez que John Lasseter se presentó en los despachos de Disney con el proyecto de «Toy Story» bajo el brazo no lo trataron demasiado bien. Tampoco la segunda, ni la tercera, pero el empecinamiento del creador de Pixar por desarrollar la primera película de animación hecha por ordenador pesó más que los desaires de la gran productora. Era lógico, por otra parte, Pixar aún era una compañía muy pequeña que solo había conseguido sacar adelante cortometrajes y si Lasseter quería que «Toy Story» llegara a buen puerto necesitaba de un buen mecenas. Sabía que no había otro mejor que Disney.

Los contactos comenzaron a finales de los 80, aunque años atrás el nuevo director de Disney, Jeffrey Katzenberg, ya había intentado adquirir las acciones de Pixar al ver el potencial que tenía por delante, pero la respuesta de Lasseter fue muy clara. «Puedo volver a dirigir alguna película para Disney o seguir con Pixar y hacer historia». Y así fue.

La segunda fase de las negociaciones empezó en 1991. Lasseter sabía que Pixar necesitaba a Disney para emprender el proyecto porque requería de su potencial para la promoción de la película, pero tampoco quería que la todopoderosa le pasara por encima. El jefe de Disney tenía fama de ser un negociador duro y su intención era quedarse con la tecnología que había desarrollado Pixar para hacer las películas sin ellos, pero ahí intervino Steve Jobs para impedírselo. A cambio cedió casi la totalidad de los derechos de los personajes de la película, incluído el «merchandising».

Una vez acordados los puntos del contrato, faltaba hablar de la película. Inicialmente diseñada como un mediometraje, «Toy Story» iba a ser un «spin-off» de «Tin Toy», un corto de Pixar, pero una vez que llegó el dinero de Disney, se pensó en algo más ambicioso. Los primeros roces entre las compañías fueron por culpa del argumento y de los personajes. Jeffrey Katzenberg quería una película basada en dos amigos y pretendía que fueran Paul Newman y Jim Carrey los que pusieran voz a los personajes, pero ninguna de esas ideas fueron tenidas en cuenta. La idea de Lasseter era convertir a Woody en un villano y no en amigo de Buzz, mientras que fue Steve Jobs el que desechó por completo la propuesta de doblaje para ahorrar costes.

El guion empezaba a coger forma en San Francisco y, de vez en cuando, Lasseter y su equipo se dejaban caer por las oficinas de Disney. «Cuando íbamos, nadie nos prestaba atención», ha explicado el director en varias entrevistas. Cada idea se convertía en un viaje de ida y vuelta de San Francisco a Hollywood, pero regresando siempre con el «no» bajo el brazo. Katzenberg quería una historia viva, mordaz y, cuando parecía que estaba lista, citó a todo su equipo para realizar el primer pase. El responsable de Disney terminó tan escandalizado por lo que había visto que ordenó suspender inmediatamente el proyecto. «Woody es imbécil», dijo simplemente como explicación.

La proyección se realizó un viernes –todavía hoy lo recuerdan en Pixar como el «viernes negro»– y el lunes siguiente John Lasseter y Steve Jobs se presentaron en el despacho de Katzenberg. El director suplicó más tiempo para reescribir el guion y ofrecer una propuesta que le convenciera, Jobs ofreció pagar de su bolsillo el sueldo a todos los trabajadores destinados al proyecto y Disney les concedió dos semanas de margen. Lasseter se encerró entonces una habitación con Joss Whedon y en 15 días se dio forma a la película que hoy conocemos.

[Crítica de Toy Story 4]

Nuevas ideas

Se incorporó el personaje de Rex y el toque romántico de Bo Peep, dejando de lado la última propuesta de Katzenberg: convertir la película en un musical. Tras los éxitos de «La Sirenita», «Aladdín» y «La Bella y la Bestia», Disney quería seguir apostando por las canciones, pero «Toy Story habría sido un musical horrible», explica Whedon en su biografía. «Si los personajes no entendían lo que querían, ¿cómo se iban a poner a cantar sobre ello?». Pero la insistencia de la compañía fue tan grande que Lasseter acabó aceptando tres canciones, pero ninguna cantada por los personajes.

La nueva propuesta consiguió el visto bueno y siguió adelante, aunque más con el apoyo económico que moral. Nadie en Disney confiaba en el proyecto, aunque Katzenberg creía que si fracasaba, podría quedarse con la tecnología desarrollada por Pixar. De hecho, la película se terminó de milagro. La fecha marcada por Disney para el estreno (22 de noviembre de 1995) hacía trabajar contra reloj a todo el equipo y provocó que la película fuese algo más corta de lo esperado.

Además, debido a los cambios de guion hubo que volver a realizar el doblaje, pero Tom Hanks se encontraba inmerso en el rodaje de «Philadelphia» y se negaba a ponerle la voz a un juguete a la vez que se metía en la piel de un homosexual seropositivo. Entre cambiar de actor y esperar, se optó por la segunda y Hanks grabó los diálogos del sheriff Woody a toda prisa.

Al final la película llegó a tiempo al estreno. Y fue un éxito. Se convirtió en la película más taquillera del año y la tercera de animación más vista hasta entonces, aunque curiosamente Jeffrey Katzenberg, que tantas pegas había puesto al proyecto, no la vio. Por una serie de conflictos con Disney, salió de la productora un año antes del estreno a cambio de 280 millones de dólares y fundó, junto a Steven Spielberg, Dreamworks, la que es hoy la gran competidora de Pixar.