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Dani Rovira: «Hago los Goya para que no ganen los cuatro borrachos de Twitter»

El actor presentará por tercera vez consecutiva un evento centrado en la comedia y la emoción

Dani Rovira, durante la entrevista con ABC - Isabel Permuy
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Está feliz Dani Rovira, casi eufórico si tuviéramos que atender a su semblante y sus palabras. «¿Que cómo estoy? Estoy fenomenal, para comerme enterito, para untarme una tarta de whisky por el pecho», dice riendo. No es para menos, su carrera se ha asentado, no le falta trabajo, tiene proyectos y, sobre todo, el 4 de febrero va a presentar los Goya por tercera vez consecutiva.

P - -No queda muy claro si se lo propuso la Academia o se ofreció usted.

R - -Un poco de todo. Estuve unos meses de vacaciones, desintoxicándome de todo, y fue cuando pensé que me apetecía presentar los Goya otra vez. Es verdad que por medio de algunas entrevistas de promo lo dejé caer. Esas voces llegaron a la Academia y ahí fue cuando nos sentamos y lo arreglamos. Ellos estaban un poco como esperando en la retaguardia a que yo me pronunciara y ni yo les busqué ni ellos a mí. Al final nos encontramos.

P - -Nunca entendimos ese enfado que se agarró. Leyendo las redes sociales había más halagos que críticas.

R - -Fue una visión muy personal porque las menciones me las hacían a mí directamente pero, claro, si te asomas a un vertedero dos o tres días después de un evento así es cuando determinada gente empieza a maquinar y a verter su odio. La verdad es que el error fue mío por asomarme a un volcán cuando estaba en erupción. Hay que saber que no tienes que asomar la carita en determinadas circunstancias.

P - -La gala tuvo buenas críticas.

R - -No me arrepiento en absoluto de esa gala. Lo que más me fastidia de ese tuit que lancé es que la gente pensara que no fue una buena gala, no solo por mí, sino por mis compañeros. Fue una gala muy buena, un pedazo de gala: una apertura buenísima y un excelente guión. Lo malo es que me atacaron al lado personal, no al artístico, es que hasta la Asociación de Yates me vino a criticar. Y yo soy humano, por ser popular no soy un ciborg, y entonces exploté. Estaba intoxicado.

P - -Luego se lo pensó mejor.

R - -Sí, pude respirar y la verdad es que esto es una manera de reivindicarme. Si no la llego a presentar, los cuatro borrachos infelices del twitter (antes eran los borrachos del bar, ahora lo son del twitter) se habrían salido con la suya. Primero, no me daba la gana de darles una victoria; y segundo, es que me gusta mucho presentar la gala, me lo paso muy bien y, además, puedo y la Academia quiere, pues ya está.

Vídeo de Dani Rovira y los «borrachos de Twitter»

P - -¿Cómo la va a enfocar?

R - -Se busca más austeridad porque la Academia no anda muy bien de fondos, pero en estas reuniones que tuve con ellos llegamos a la conclusión de que la gente disfruta con la comedia y con la emoción. Así que comedia va a haber toda la que podamos poner y la emoción son las 29 variables de los premios, más el Goya de Honor.

P - -¿Política?

R - -Por mi parte no.

P - -¿No se va a hacer un Meryl Streep?

R - -No, y eso que me quito el sombrero y la cabeza con Meryl Streep, pero creo que bastante protagonistas son los políticos a lo largo del año como para dedicarles más tiempo. Dijeron que la anterior gala fue muy política, cuando había ocho chistes de cien y eso porque estaba nominada una película como «B» (de Bárcenas). La gala de los Goya es como la funda bajera del colchón: metes tres picos y cuando vas a meter el cuarto se sale por el otro lado. Esto va a ser siempre así, es imposible gustar a todo el mundo.

P - -Una de las acusaciones es que es muy larga.

R - -He leído por ahí la duración de dos horas y media y creo que no se nos debe ir la olla. ¿Se puede hacer en ese tiempo? Sí, si se entregan premios sin parar, pero sería una gala muy sosa. El guión ya está entregado y yo voy a disfrutar del tiempo que tiene el presentador. Eso sí, vamos a hacer una gala en la que solo va a haber el presentador y la orquesta para las bandas sonoras, que va a ser como un apoyo. Pero, al no haber inicio, ni discurso largo de la presidenta ni bailes ni números musicales, acortaremos el tiempo a 2,45 o por ahí.

P - -¿Les ha costado mucho el guión?

R - -Fuimos vertiendo ideas pero fue la semana pasada cuando estuvimos a tope. Nos encerramos cinco horas por la mañana y cinco por la tarde y con berberechos, patatitas y unas cervecitas de por medio se hizo el guión.

P - -¿Está nervioso?

R - -No. Lo mismo que la primera estaba un poco en el limbo porque estaba nominado y un poco a por uvas, en la segunda sabía que me iban a recibir con las espadas. En esta tercera no tengo nada que perder. Voy dispuesto a pasármelo bien y estoy cero nervioso. También es porque no hay nada que no sepa hacer, no como cuando tenía que aprender a bailar claqué.

P - -Han montado un clip divertido.

R - -Se nos ocurrió entre todos. Era difícil porque se trataba de hacer un spot que se pudiera realizar en la Academia, que no costara dinero y que fueran pequeñas pildoritas de 20 segundos. Aprovecho para darle las gracias a todos los que han intervenido. Se han portado fenomenalmente.

P - -Al ganar un Goya usted entró automáticamente en la Academia. No sé si podrá decirme sus favoritos.

R - -Pues claro que sí porque las votaciones ya están cerradas. Es un gran año. Personalmente, y sin quitar mérito a ninguna, mi película del año es «Un monstruo viene a verme». Parece que como es Bayona, no cuenta. Pues no, sí cuenta. Sigue siendo un director que hace películas aquí y que se producen aquí. Lo que ha hecho, otra vez, es una burrada de película. Y ha sido muy valiente a la hora de escoger una historia así. No es una película fácil ni comercial. Tiene un mensaje muy duro y técnicamente es impecable. También tiene mérito Alberto Rodríguez, que coge un tema que puede parecer farragoso y hacer un thriller así... Y ya no digamos la de Raúl Arévalo, que es seca y cruda. Es de la mejores óperas primas que se han hecho.

P - -¿Y de actores y actrices?

R - -Es que soy un incondicional de Karra. Me da pena que Alexandra no esté nominada y me da que los académicos deberían abrir más la mano porque siempre están los mismos. Y en actrices el trabajo de Machi es formidable, como el de Sigourney Weaver.