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Festival de San Sebastián 2019 Amenábar mete sin miedo la mano en el avispero en «Mientras dure la guerra»

La última película del cineasta es poliédrica y puñetera como el propio Unamuno y contiene a un grandísimo Karra Elejalde

Fotograma de «Mientras dure la guerra»
Fotograma de «Mientras dure la guerra»
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Del mismo modo que la carne animal quiere convertirse en el asunto del siglo XXI en el mundo, Alejandro Amenábar fue, sin querer, probablemente, el asunto del día aquí en el Festival. Su película, «Mientras dure la guerra», es un comprimido cinematográfico con todos los ingredientes para que carnívoros y veganos (en lo que respecta a la ideología) coincidan en el rechazo a su fórmula y en la desaprobación a su ingesta. Personalmente, no es ese mi caso, sino justamente el contrario: con qué valor se mete descalzo Amenábar en ese arenal lleno de minas personales y colectivas. Casi nada es lo que parece en «Mientras dure la guerra», ni siquiera encuentra un bando en el que refugiarse o al que agradar: los dos son desagradables, detestables, según nos dice el lugar donde ocurre principalmente la acción: la cabeza, el pensamiento, las dudas y los razonamientos de Miguel de Unamuno, cogido aquí durante los primeros días de lo que se llamó el alzamiento nacional.

La mirada de la película se centra en dos picos narrativos, las idas y venidas de Miguel de Unamuno (del desencanto con la brutalidad sangrienta de la República al apoyo y posterior desencanto con la brutalidad sangrienta de la llegada del ejército nacional a Salamanca) y las intrigas y cálculos bélicos en el Estado Mayor de las tropas sublevadas, con la figura del general Franco en primerísimo plano. Lo bélico ocurre en otro sitio que no busca la película de Amenábar, pero lo esencial acontece ahí, en el interior de Unamuno y en el interior del general.

Y antes de dar un paso más, hay que detenerse en Karra Elejalde, un actor explosivo, ardoroso, graciosísimo y genial, y aquí alguien que desaparece por arte de magia cinematográfica para dejar que su personaje, tan contradictorio, complicado, humano y «antipático», florezca ante el espectador: lo de menos es si realmente dijo o no dijo aquello de «venceréis, pero no convenceréis», o si se equivocó en su trayectoria de apoyos y públicas condenas, o si se dejó empujar y manosear por unos y otros…, lo importante es que ahí, en la pantalla, uno entiende cada gesto, palabra, desconcierto y humillación de ese personaje puñetero que nunca acabó de agradar a nadie, como esta película. Hay tantos momentos reconocibles y genéticamente «nuestros», de nosotros y de ellos, en la pantalla que hasta da rabia verlos, como esa discusión casi a garrotazos de dos amigos en un altozano, esa cabeza baja y humillada cuando una partida de indeseables se llevan de paseo al amigo, esa mano de Carmen Polo sacando a Unamuno del Paraninfo… ¿quién está dispuesto a admitir que los nuestros son tan despreciables como los suyos?... Y camina descalzo, con la idea, la caricatura, la ponderación y el espejo cóncavo por ese campo de minas.

Hay muchos personajes construidos para el descontento, o para el desconsuelo nutritivo del prejuicio. Sobresale aquí la composición ruidosa, primaria, realmente enérgica en lo cinematográfico, que hace Eduard Fernández de Millán Astray, y muy sorprendente el tratamiento, tan lejano a los clichés de la «memoria histórica», de Francisco Franco, al que genialmente interpreta Santi Prego con tanto rebuscamiento y colorido interior que resulta fascinante, aunque el propio Unamuno lo calificara de «pobre hombre».

«Próxima», la aventura espacial de una fabulosa Eva Green

«Mientras dure la guerra» está ya a punto de estreno en las salas comerciales, y habrá que guardarse algo de munición para entonces, con lo que se le deja una esquina de la crónica a otra película que se presentaba en la competición, «Próxima», de la directora Alice Winocour, que tiene como absoluta y fabulosa protagonista a Eva Green y que narra una aventura espacial desde un lugar que no se había contemplado nunca: el periodo de adaptación y aislamiento de una astronauta para emprender un viaje de un año a Marte, mientras «concilia» su gran deseo profesional con el cuidado, la atención y el cariño que necesita su hija de siete años, con quien vive separada del marido. El lugar desde donde se mira es completamente femenino, y la película procura mucha información al respecto, tanto de la exigencia física como psicológica, y muestra algunas diferencias imaginables entre ser un astronauta y ser una astronauta (el personaje de Matt Dillon vive con otra intensidad la separación con los suyos). Si se obvian algunas chaladuras de guion, la película es interesante, y Eva Green todavía más.