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Juan José Campanella: «El cine ya solo da explosiones con actores intercambiables»

El director de «El secreto de sus ojos» y «El hijo de la novia» cambia de registro con la comedia «El cuento de las comadrejas»

Juan José Campanella habla con Clara Lago en el rodaje de «El cuento de las comadrejas»
Juan José Campanella habla con Clara Lago en el rodaje de «El cuento de las comadrejas»
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Al director Juan José Campanella (Buenos Aires, Argentina, 1959) le gusta jugar a la contra. O al contrapié, mejor dicho. Si en sus anteriores películas el humor reventaba las costuras del drama, ahora ha decidido que sea la comedia la protagonista de una aventura que debería ser más triste de lo que parece. «Pero nuestras vidas son perfectas, y en las películas siempre hay dramas», presume Oscar Martínez en una de las primeras líneas de «El cuento de las comadrejas», una historia de cine dentro del cine en la que se habla tanto de la nostalgia y del paso de los años como de la vida que se apaga cuando se acaban las aficiones. Todo a través del cuarteto protagonista, formado por una diva a la que le quitaron el foco hace décadas, un guionista, un director y un mal actor que pasan los días bebiendo vino y jugando al billar en la mansión que de ella.

Tras ganar el Oscar a mejor película extranjera por «El secreto de sus ojos», y de perder el juego en la película de animación «Futbolín», el cineasta argentino regresa a las esencias de su cine: un guion cosido a golpe de diálogos brillantes y un elenco de actores deslumbrantes.

P - Desde su primera secuencia, «El cuento de las comadrejas» suena a declaración de amor por el cine...

R - Sí, es una oda al cine, pero a ese que nos inspiraba y maravillaba con su ingenio. Ese cine que nos hacía reír y llorar más que la vida, en el que todas las emociones eran más grandes que la vida.

P - ¿Podría haber cine sin conflicto, como dice el personaje de Óscar Martínez?

R - De hecho existe, pero es aburridísimo. Son las películas que ganan premios de festivales.

P - Ahora ha apostado por dar más presencia al humor, antes lo escondía entre historias más duras...

R - Esta película la describo como una comedia. Es verdad que todas mis películas, incluyendo «El hijo de la novia», si las explicas, son todo dramas. Pero el humor entraba a través del diálogo. Esta revierte la fórmula, pero no fue consciente.

P - Pone en boca de Graciela Borges, la vieja diva de la historia, la palabra «guionista» como un insulto...

R - (Risas) Sí, son «autocargadas». Como cuando dicen que el director es el más importante pero que no sabe hacer nada.

P - Los villanos son los jóvenes, que llegan a las vidas de estas viejas glorias para arrasar con todo... ¿Ve conflicto entre generaciones?

R - Pero el tema de la película no es vejez contra juventud. Es, en todo caso, una visión pragmática de la vida en la que todo vale para ganar -los jóvenes- y una visión romántica en la que todo vale para pasarlo bien -los mayores-. Pero no es el conflicto, sino las características de cada uno: la debilidad del héroe aquí es que son viejos, y eso también es su fortaleza. El arma de los villanos es que son jóvenes, y termina por ser su debilidad.

P - También habla de esas estrellas que se apagan cuando nadie las mira...

R - Alguien que basa su vida en el aplauso y la adoración piensa que existe porque lo reconocen, y si no lo reconocen deja de ser. Lo que no sucede en otras situaciones, como los cineastas, que tienen una transición a la jubilación más sencilla. Es muy difícil vivir sin el aplauso, se convierte en una droga tan fuerte que olvidan quiénes son.

Pregunta - Se dice que su película «tiene mucho de teatralidad». ¿Le molesta?

Respuesta - Es engañoso lo de teatralidad porque evoca a «Doce hombres sin piedad», todos en una sala. Esto es una mansión con muchas habitaciones, y salen a restaurantes y al jardín... No es claustrofóbica, y fue una preocupación mía por mi estilo. Yo lo tomo como un halago, otros no. A mí, si me dicen teatral me gusta porque hoy cuando oímos que una película tiene buenas actuaciones y un buen diálogo decimos que «esto es teatro». Y es porque el cine ya no da ni grandes actuaciones ni grandes diálogos: da explosiones con actores intercambiables.

P - Hablando de actores. Su cuarteto protagonista son los grandes de su generación en su país... ¿Con quién se compararían del cine español?

R - Sería como si se pudiera juntar para una película a Fernando Fernán Gómez, Alfredo Landa, José Luis López Vázquez y una combinación de Marisa Paredes y Carmen Sevilla.

P - Precisamente, la protagonista dice que si hubiera venido a España, hubiera triunfado más. ¿Cómo ve la relación entre ambas industrias hoy?

R - Está funcionando muy bien gracias al «streaming». Antes no veíamos nada de TVE y ahora seguimos muchas series españolas. El cable permite que cada programa encuentre su nicho, y ya no necesitan ser el exitazo de antes. Ahora si te pierdes el primer capítulo, puedes reengancharte. Esto permite un intercambio mayor, y sería importante que nos acostumbremos a los acentos.

P - ¿Cómo le afecta a usted, que ha hecho mucha televisión?

R - Me afecta en que estoy más tranquilo al hacer una serie. (Risas).