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Rosa BelmonteRosa Belmonte

El pijama de Coixet se pospone

Navas avisó: «Que la reivindicación no nos coma». Y fue en su discurso donde se vieron los abanicos rojos

Vídeo: Vea los mejores momentos de la gala de los Goya 2018
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A Penélope Cruz le mientan a Woody Allen y como cuando a Isabel Pantoja le nombran a Julián Muñoz en el coche. Se acabó la entrevista. «De ese tema no voy a hablar». Probablemente las razones de Pe serán comerciales y de estrategia. Que no va a venir a esto de los Goya a meterse en algún lío que afecte a su carrera en Hollywood. Porque aquí premiamos ‘Woody & Woody’ (mejor corto de animación). Javier Bardem advirtió de los juicios mediáticos. Y en cuanto las reivindicaciones femeninas: «Tener que hablar de lo lógico es involutivo, como el Día del Orgullo Gay». A propósito, a Eduardo Casanova, con tacones de Palomo Spain, le preguntaron si tendría que haber más directores homosexuales: «Pero si somos todos maricones. Lo que tiene que haber es más mujeres. Y las reivindicaciones LGTBI, hacerlas en países como Rusia».

La preguntadera en la alfombra roja, que empezó a las 18.30, se escoró del lado de las cosas del mujerío. Nora Navas había avisado: «Que la reivindicación no nos coma». Y fue durante su discurso cuando se desplegaron los abanicos rojos en la sala. Pepa Charro, la Terremoto de Alcorcón, hizo un monólogo feminista con un traje de hombre de Ana Locking («los de mujer no me cabían»). Quién nos iba a decir que íbamos a echar de menos el «No a la guerra» (¡que se aplaudió al recordarlo Marisa Paredes vestida de Sybilla!). Quiero decir que en 2003 no me sentí como el compañero de celda de Jordi Sánchez (tampoco sabía quién era Jordi Sánchez). Si este señor estaba harto de la matraca del independentismo, en el mundo occidental muchos estamos hasta el gorro (y no precisamente el pussy hat) de las consecuencias pelmas que ha traído el #MeToo (que sí, que también buenas). Ahora resulta que Leticia Dolera aparece como nuestra Gloria Steinem, cuando es más la nueva Estela Reynolds (un director me tocó una teta). Joaquín Reyes dio paso a Leticia para que pudiera decir en la gala que la gala era «un campo de nabos feminista». Había muchos trajes reivindicativos de Ernesto Artillo, los pintarrajeados. Llevan pintarrajeada hasta una vagina, como dicen las americanas. Y no una de esas hortalizas de las que habló Dolera. Adelfa Calvo, hija de Adelfa Soto y nieta de la Niña de la Puebla, volvió a hacer un discurso reivindicativo. Pero al final una no sabe si en la gala se dijo más veces mujeres o eskerrik asko.

Isabel Coixet no fue en pijama, como le habría gustado. «Me daba cosa yo sola». Llevaba un vestido de María Lafuente con mariposas pegadas. «Dice María que son un símbolo de sororidad». Pero, mujer, no te gusta la palabra empoderamiento y te gusta sororidad. «Tampoco . Pero yo soy muy obediente y digo las cosas». La altísima Emily Mortimer se había declarado fascinada por la sensibilidad que tenemos en España. Por «La librería» y por Coixet. «Cómo la hemos engañado, ¿eh?», se reía la directora. Es la mejor en la alfombra. También agradeciendo un Goya con gracia y emoción. Agradeciendo a su madre que la animara a leer («de algo le servirá»).

Julita, la madre de Gustavo Salmerón, no tenía muchas esperanzas. «¿No podéis ponerle unas inyecciones a los académicos?». Pero había perdido seis kilos por la emoción de los Goya. «Y mira que he ido yo a la Buchinger». Paco León, que está encantado rodando «Arde Madrid» con Debi Mazar, dice que el encuentro de su madre y de Julia fue como el de Godzilla contra Predator. «Se cayeron muy bien, se contaron cosas de sus maridos». Pero Julita no quiere hacer más cine con su hijo. «Que se busque a otra». Ganó, se lo dedicó a todas las madres y agradeció a su abuelita las vértebras.

Coixet había dicho en la alfombra roja que si le daban dos Goyas, el año próximo venía en pijama. Venga.