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Porno, cartas de muerte a su madre y el suicidio de un socio: el oscuro pasado de Tarantino

Su miedo a «Bambi» no le impidió rodar sangrientas películas como «Kill Bill» o «Pulp Fiction» ni disfrutar de los pies de Salma Hayeck, de los que bebió tequila

Quentin Tarantino en «Abierto hasta el amanecer»
Quentin Tarantino en «Abierto hasta el amanecer»
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Nació el mismo año que Lee Harvey Oswald acribilló a tiros a John F. Keneddy, pero en lugar de desarrollar, como el presidente estadounidense, una carrera en política, cultivó escenas truculentas como su asesinato en el celuloide. Hijo de un actor de segunda y una madre cinéfila, la pasión de Quentin Tarantino por el séptimo arte parecía sellada desde que contrajo su primera deuda, tomando su nombre del de Quint Asper, el personaje de Burt Reynolds en «La ley del revólver».

Inmerso en labrarse un currículum de «tipo duro» en la escuela, prefirió dedicar su elevado coeficiente intelectual –más alto que el de Einstein– a aprenderse los diálogos de las películas, de cuyos datos era una auténtica enciclopedia. Cineasta de contradicciones, antiviolencia pero caracterizado por filmar algunos de los filmes más sangrientos, el cineasta que tenía miedo a «Bambi», ganó su primer sueldo como acomodador de un cine porno local del que ahora es dueño y donde repone, en lugar de contenido X, clásicos del cine y la animación.

Travolta y Samuel L. Jackson en «Pulp Fiction»
Travolta y Samuel L. Jackson en «Pulp Fiction»

Ese dinero le sirvió para comprarse un reproductor de VHS e independizarse en 1981, dejando la casa de su progenitora, a la que cada día de la madre regalaba un relato sobre su muerte, escribe María Herreros en «Marilyn tenía once dedos en los pies y otras leyendas de Hollywood» (Lunwerg Editores). Consumidor compulsivo de cine, trabajó durante cinco años, por recomendación del guionista de «Pulp Fiction» o «Reservoir Dogs» Roger Avary, en Video Archive, un videoclub de Manhattan Beach al que acudía con frecuencia.

Su primera película, sin embargo, no fue junto a su apreciado libretista, sino con Scott McGuill, al que conoció en otro videoclub, el Video Outtakes. Un socio con el que coescribió, codirigió y protagonizó la desaparecida «Love Birds in Bondage» (1983), que nunca vio la luz porque la madre de McGill la destruyó, algo que supuestamente motivó el suicidio del socio de Tarantino.

«Rodar sobre film de celuloide, y no en digital, hace que cuando uno grita "¡Acción!" sea un tiempo precioso hasta que se grita "¡Corten!"»

Si la filmografía del director de Knoxville ha sido acusada de no ser más que un cúmulo de referencias, más parece serlo su propia vida, digna del guión de un mezquino cinéfilo. Mientras malvivía gracias a las reposiciones de su participación, como imitador de Elvis Presley, en un capítulo de «Las chicas de oro», Tarantino escribió «Jackie Brown» a partir de un libro de Elmore Leonard, «Cóctel explosivo», que robó, según Herreros, en un supermercado Walmart.

Aparcada su película de «Blaxploitation» después de escribir su guión, se centró en su mítica cinta de atracos, «Reservoir Dogs», que iba a filmar en 16 mm junto a sus compañeros del videoclub con apenas 30.000 dólares pero que terminó costando 1,2 millones gracias a la participación de Harvey Keitel.

Tras rechazar dirigir «Men in black», llegó la violenta «Pulp Fiction» en 1994, su cinta más icónica a la que, sin embargo, han acusado de estar repleta de diálogos copiados de otras películas. «No es un plagio, es un homenaje», llegó a decir Tarantino sobre el filme, que ganó el Oscar a mejor guión original y logró otras seis nominaciones. Aunque, para el cineasta de Tennessee, el mayor honor no fue ni la estatuilla ni relanzar la carrera de un caído en el olvido John Travolta, sino enterarse de que cuando las tropas estadounidenses invadieron Irak, se encontró un DVD del filme en casa de Saddan Hussein.

Uma Thurman en «Kill Bill»
Uma Thurman en «Kill Bill»

Gran seguidor del trabajo de su ídolo Sergio Leone, cuya influencia se percibe en «Kill Bill», «Death Proof» o «Malditos bastardos», Tarantino ha resucitado el wéstern también con películas como «Django desencadenado» y «Los odiosos ocho». Sin embargo, más que este género cinematográfico le obsesionan los pies femeninos, un fetiche en el que se recreó con las escenas de los de Uma Thurman en «Pulp Fiction» y «Kill Bill» o la toma de «Abierto hasta el amanecer», que dirige su amigo Robert Rodríguez, en la que bebe tequila de los de Salma Hayek.