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Superlópez Dani Rovira: «La envidia es una admiración mal gestionada, y eso pasa mucho en España»

El actor se mete en el traje de Superlópez y en la rutina diaria de su alter ego, Juan López

Superlópez (Dani Rovira) pelea contra la villana (Maribel Verdú) y contra los «haters» que le atacan en redes sociales
Superlópez (Dani Rovira) pelea contra la villana (Maribel Verdú) y contra los «haters» que le atacan en redes sociales
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Si la española Yvonne Blake diseñó el traje de Superman, Superlópez le hace un traje a España. Uno a la medida. El de un joven mileurista que no sobrevive gracias a sus poderes sino a la ayuda de los padres. Por eso, al muy «normal» de Juan López la capa y las mallas le quedan anchas, porque una madre, que es quien le cose el vestido, siempre ve a su hijo más gordo de lo que está en realidad.

«Tener supervelocidad o superfuerza no te quita tener que pagar la hipoteca o el IVA», defiende el hombre detrás de la cámara, Javier Ruiz Caldera. Y le da la réplica Dani Rovira, que se mete en la capa de Superlópez y en la mediocridad del «alter ego» Juan López. «En ninguna otra película el héroe se ha sentado a hablar con sus padres para que le digan de dónde viene, ni el padre le ha dicho que se tire de un edificio para ver cómo vuela. Superlópez salva al mundo, sí, pero empieza en su familia, que es como algo muy de barrio, muy nuestro», ratifica.

Mientras Marvel o DC centran sus películas en las capacidades extraordinarias de sus protagonistas, aquí el extra desaparece y se fija en lo ordinario. En el día a día de un oficinista anodino con un jefe mezquino (Julián López) y una ex que aparece en el momento justo. La vida diaria retratada por los guionistas Borja Cobeaga y Diego San José, los mismos de «Ocho apellidos vascos» o «Pagafantas». Y ahí es donde la película echa a volar sin necesidad de capas, solo con la ropa de un martes cualquiera.

«Clavo que sobresale pide martillo»

El personaje creado por el dibujante de cómic Jan (Juan López Fernández) nació en 1973 como parodia de Superman. Si uno nacía en el planeta Krypton y aterrizaba de bebé en EE.UU, otro es concebido en Chitón y llega en una nave espacial a las afueras de Lérida siendo un recién nacido. Hasta ahí las similitudes. Porque cada uno es él y su circunstancia, y a uno le ha tocado criarse en un lugar donde «desde pequeñito parece que te va mejor si eres una medianía que si destacas por tu talento», critica el director.

«En España, clavo que sobresale pide martillo», aconseja el padre (Pedro Casablanc) al rarito de Juan cuando el niño comienza a hacer cosas raras en el colegio y sus compañeros le dan de lado. «Es una realidad en nuestro país y la hemos traído a la película: si tienes superpoderes, igual es mejor que los ocultes para pasar desapercibido, aunque al final se demuestra que uno es lo que es», explica su director.

Frente a él, Dani Rovira, que de ser aplastado por destacar sabe un rato, sonríe cuando se le pregunta si él está de acuerdo con el consejo que le dan a su protagonista: «Lo que yo llevo a mi vida y aconsejo a quien se sienta diferente o tenga un talento o una virtud es que la desarrolle. Sé feliz. Es preferible que te critiquen a que pases una vida frustrada. Aunque se haga parodia de esto, para mí el mensaje es que Superlópez admite su naturaleza, que es salvar a la gente, aunque lo pongan a parir en las redes sociales. Si te dejas condicionar por lo que la turba te dice nos convertimos en un país aburrido y anodino. Y totalmente triste. Ese mensaje me mola: haz caso a tu naturaleza y que te dé igual lo que la gente dice», apunta el hombre que presentó en tres ocasiones la gala de los premios Goya y que lo dejó hastiado de los comentarios hirientes de gente anónima en pijama desde el salón de casa.

Explotar por explotar

Al héroe llegado del planeta Chitón a las afueras de Lérida lo vemos, ya en su madurez, viviendo en Barcelona. Por ahí vuela y se enfrenta a la villana interpretada por Maribel Verdú. Una batalla que poco tiene que ver con las de «La liga de la Justicia» o «Los vengadores». Aquí hay menos explosiones. ¿Hubiera cambiado algo esta historia de tener un presupuesto de 200 millones de euros? «No podemos competir a nivel de efectos visuales, pero tampoco queríamos -dice el director-. Ya no nos impresiona ver en cine cómo destruyen una ciudad, lo hemos visto tantas veces que no sorprende. Me interesaba más que el clímax final fuera con la familia, ese “a mi madre no la toques” es lo que hace despertar al héroe. Y eso por un lado facilita la producción y genera empatía: yo entiendo más a este héroe», explica Ruiz Caldera.

Una idea que comparte Dani Rovira: «Con este presupuesto, en EE.UU. no tienes ni para tomarte un café con Chris Hemsworth. En España la diferencia es el presupuesto, no el talento. Hemos trabajado con El Ranchito, que son los mismos que hacen los dragones de “Juego de tronos”, y han hecho maravillas con el dinero que tenían porque le metían más horas porque tenían cariño al personaje», desgrana.

Superlópez no renuncia a la acción, aunque donde brilla es en la comedia. Ahí juega con el patoso Juan López intentando sobrevivir frente a los villanos de la rutina mientras trata de enamorar a Luisa Lanas, la Lois Lane americana interpretada por Alexandra Jiménez. Un amor que se complica cuando el jefe y amigo, el personaje de Julián López, se entromete en un ataque de celos. «La envidia es una admiración mal gestionada, y eso pasa mucho en este país. Es deporte nacional intentar igualar por lo bajo: a ti te va mejor que a mí, voy a intentar putearte para que estés tan amargado como yo», lamenta Dani Rovira, que consigue hacer del sayo un traje a la medida del gran personaje de Jan.