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del 3d al blanco y negro

El cine en blanco y negro toma el Festival de Sevilla

«Veremos si esta tendencia cuaja o es una moda pasajera», dice el director del certamen, que cree que el b/n y las tres dimensiones convivirían sin problemas

La película española «Los muertos no se tocan, nene», de José Luis García Sánchez, que abrirá el Festival de Sevilla - abc
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El Festival de Cine Europeo de Sevilla, cuya edición de 2011 se inaugurará el próximo 4 de noviembre, parece la prueba del nueve de una nueva moda que parece a abrirse paso en el mundo del cine: rodar en blanco y negro. Cuatro películas de distintas nacionalidades llegan a Sevilla sin el color en plena fiebre por las últimas tecnologías y el cine en 3D que «Avatar» elevó al olimpo del negocio. En los últimos tiempos la industria cinematográfica ha girado hacia las tres dimensiones, con James Cameron en cabeza de carrera, para intentar atraer con un nuevo y sofisticado producto la atención de un público que ha dejado de ir a las salas a causa del pirateo digital y del abaratamiento de las grandes pantallas de plasma. El fenómeno 3D ha estado funcionando muy bien en taquilla durante los dos últimos años, a pesar de los elevados precios de las localidades, un 30 por ciento más caras, pero el efecto novedad se está pasando y los datos de recaudación ya han empezado a caer en EE.UU. Paralelamente al aparente cansancio que comienza a provocar esta última tecnología, cineastas consagrados y jóvenes realizadores europeos han retrocedido seis décadas para volver a rodar en blanco y negro. Dos fenómenos contradictorios que tendrán que aprender a convivir.

El húngaro Béla Tarr trae a Sevilla en noviembre su última película «Turin horse», una historia sencilla sobre la salud quebradiza de un caballo, inspirada en un episodio vivido por Nietzsche a finales del siglo XIX y rodada íntegramente en blanco y negro. También la película con la que se inaugurará el festival sevillano está rodada en blanco y negro. Con «Los muertos no se tocan, nene», José Luis García Sánchez cierra la trilogía iniciada por Rafael Azcona con «El pisito» y «El cochecito». Este homenaje al célebre guionista ya desaparecido ha respetado la ambientación de la época y renunciado al color, como también ha hecho la francesa «The Artist», presentada en el pasado Festival de Cannes, donde Jean Dujardin logró una palma de oro al mejor actor. Esa cinta, que participará en la sección EFA del certamen, cuenta la historia de un actor estrella del cine mudo que se niega a dar el paso al cine sonoro y acaba arruinando su reputación. Su director, Michel Hazanavicius, ha llegado más lejos puesto que le ha metido una potentísima banda sonora pero ni un solo diálogo. Una película, pues, muda, que la crítica especializada considera «una obra maestra contemporánea».

La rusa «Heart's boomerang» («El búmeran del corazón») será la cuarta película en blanco y negro que podrá verse en Sevilla y que competirá en la sección oficial del festival. Se trata de una historia sobre el metro de Moscú que firma Nikolay Khomeriki.

¿El blanco y negro ha venido para quedarse o es un fenómeno puramente circunstancial? Javier Martín Domínguez, director del Festival de Cine Europeo de Sevilla, dice que «es pronto para saberlo», aunque cree que podría convivir perfectamente con las películas en 3D. «No son fenómenos excluyentes y los dos persiguen objetivos parecidos, llenar las salas de cine, aunque se dirigen a públicos distintos y a veces se cae en el absurdo de hacer en 3D películas en la que resulta surrealista», comenta.

Más guión, menos color

Béla Tarr no es surrealista pero tampoco ha necesitado rodar en color en su última película. Ha preferido trabajar luces y contrastes con un gran iluminador e ir al cogollo de la historia. «Cuanto mejor guión tenga una película, menos artilugios y efectos especiales necesitará», afirma Martín Domínguez, que añade que con el blanco y negro «la luz es muy especial, gastada, lo que puede tener un gran efecto visual en una sala de cine».

Cuando Charles Vidor rodó «Gilda» en 1946 no podría seguramente imaginar la repercusión que tendría en la historia del cine alguna de sus escenas, como la del famoso «desnudo» de Rita Hayworth (de un guante y de un brazo) o la de la bofetada que le propina Glenn Ford tras ese provocador, para la época, baile. Pero Vidor sí era muy consciente de que el blanco y negro iluminaba las caras de sus actores y favorecían la belleza natural de la protagonista que en ninguna de sus películas posteriores, rodadas en «technicolor», pudo igualar. Por esa y por otras razones grandes directores actuales como Scorsese, Spielberg, Tim Burton o Woody Allen han rodado en blanco y negro, un fenómeno que ahora vuelve con fuerza.

Miquel Barceló, que acaba de presentar en San Sebastián un documental sobre su trabajo, sostiene que para llegar a ser un gran pintor hay que atravesar todos los períodos históricos de la pintura, con sus distintas técnicas y materiales. Con los directores de cine puede pasar algo parecido. José Luis Garci rodó en blanco y negro «You are the one» y José Luis García Sánchez ha hecho lo mismo con «Los muertos no se tocan, nene», película inaugural del próximo Festival de Sevilla. «Se ha abierto mucho el campo en el cine, ahora se hace mucho en 3D, pero también se está volviendo al blanco y negro, todo vale, si a la gente le gusta», comenta a ABC. Respecto a su pelicula, afirma que «el blanco y negro forma parte de su ambientación, como el vestuario de los años 50. Es su estética, aunque rodar en blanco y negro ahora es muy difícil porque desgraciadamente ya no se revela en blanco y negro. Si este cine tiene éxito y da dinero, el blanco y negro seguirá. Ojalá sea así», dice.

La verdad y la mentira

García Sánchez destaca el impacto que produce la luz sobre los volúmenes y afirma que «para llegar con el color a la estética de la fotografía de Gilda tienen que pasar aún muchas cosas. Antes las película eran pintadas, para mí el blanco y negro era la verdad y el color la mentira».

Para Michel Hazanavicius, director de «The artist» «lo más complicado fue convencerme de que este proyecto valía la pena proque va contra las tendencias actuales, es casi anacrónico: ¡estábamos en medio de la locura por “Avatar”, en plena moda del 3D!». Y añade: «Es un cine emocional, sensorial, que sólo funciona sore los sentimientos que has creado. Es una forma fascinante de trabajar».

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