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Hablan ellas

El diálogo feminista de «La otra mirada»

Alba Lucío y María López Castaño, las guionistas mujeres de la serie de Televisión Española, se enorgullecen de la perspectiva de género que han aportado

Las jóvenes actrices de «La otra mirada»
Las jóvenes actrices de «La otra mirada» - ABC
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Puede que «La otra mirada» no haya atrapado a una estratosférica audiencia en Televisión Española, pero, a tenor de los entusiastas y reivindicativos comentarios en redes sociales por parte de sus fieles seguidores, la serie se ha convertido en una de las mayores sorpresas seriéfilas en nuestro país. La premisa no se antoja revolucionaria (o sí, según se vea): el día a día de una escuela de señoritas durante los años 20 en Sevilla. Tras 13 episodios, la ficción se despidió el pasado miércoles 25 de julio sin todavía noticias de su renovación. Con motivo de su adiós, ABC ha entrevistado a las dos mujeres guionistas de una ficción que ha abordado el feminismo de manera «abierta y frontal», reivindican ambas.

María López Castaño («Física o química») y Alba Lucío («Chiringuito de Pepe») llegaron a «La otra mirada» gracias a su previa colaboración profesional con su creador y coordinador de guión Jaime Vaca. Mientras que la primera coescribió el piloto de la originariamente titulada «Alma máter», la segunda se incorporó una vez RTVE dio luz verde al proyecto hace un año. El cuarto guionista en discordia fue Mario Parra Ortiz. Tras varias reuniones previas en las que se dibujaban las líneas maestras argumentales, cada uno de ellos se encargaba individualmente de varios episodios. Alba Lucío escribió, por ejemplo, el tercer capítulo en el que se aborda la homosexualidad de una de las maestras de la escuela. López Castaño se encargó de la octava entrega, cuyo epicentro es el juicio por violación a una de las alumnas.

P - El equipo de guionistas ha estado formado por dos hombres y dos mujeres. Han estado escribiendo personajes femeninos y tramas eminentemente feministas con perspectiva de género. ¿Cómo ha sido la colaboración?

R - María López Castaño: Se han generado muchísimos debates con respecto a cada capítulo. Tanto Alba Lucío como yo hemos aportado nuestra experiencia más íntima como mujeres. Muchas de las cosas que se cuentan nos han pasado directamente o hemos vivido a través de amigas y familiares. Esa visión feminista ha contribuido a ver los temas y los propios personajes desde distintos puntos que quizás no hubiese sido así en un equipo solamente masculino. Un personaje como Luisa (Ana Wagener) que al principio podía parecer «la mala», se ha visto que tiene otros matices.

R - Alba Lucío: Hombres y mujeres del equipo hemos estado en la misma dirección con temas más contundentes como la violación a Roberta (Begoña Vargas). Desde el principio queríamos hablar de la desigualdad que han sufrido las mujeres durante toda la historia y que seguimos sufriendo. Queríamos tocar temas que siguen pasando hoy en día. Aunque los hombres sean conscientes de ellas, cuando has vivido en tus carnes pequeñas experiencias, las conoces mucho mejor y probablemente las transmitas con más fidelidad y mayor emoción.

P - «La otra mirada» es muy explícita al abordar temas con perspectiva de género. ¿Es algo que se buscaba desde el principio?

R - M.L.C.: Sí. La primera escena de la serie es una declaración de intenciones. Ese momento en el que Teresa (Patricia López Arnaiz) alecciona a varios hombres desconocidos marca claramente lo que hemos querido contar después en cada capítulo. Al principio debatimos hasta qué punto había que decir las cosas de una manera tan evidente o buscarle un poco el subtexto. Al final estamos hablando de una serie y un entorno académicos: nos ayudó muchísimo que hubiera unas clases en las que los profesores expusieran los temas con la mayor claridad posible. Eso ha dominado el resto de tramas personales a la hora de que los personajes expongan su verdad también en ese tono académico porque da mucha continuidad y hace que la serie sea más redonda.

R - A.L.: Queríamos lanzar un mensaje claro y contundente. Es necesario cuando hablamos de temas como la desigualdad y la libertad de las mujeres. Luego nos hemos permitido dejar determinadas cosas a la opinión del espectador. El capítulo 12 habla de la feminidad, los cánones de belleza y el maquillaje. No queríamos lanzar un mensaje de que maquillarse está mal o bien sino aportar diferentes perspectivas. Hay muchas opiniones y todas merecen ser escuchadas.

R - M.L.C.: Los mensajes de las maestras y las alumnas son muy claros, pero también debates abiertos. No son posturas cerradas. Los propios personajes van cambiando a lo largo de los capítulos. No es una serie que quiera marcar una sola opinión. Ese ha sido el gran reto, sin duda, de los guionistas.

P - ¿Otras ficciones nacionales o internacionales les han servido de brújula para saber lo que querían hacer?

R - A.L.: Tampoco ha habido muchas series nacionales que hayan tratado el tema del feminismo tan abierta y frontalmente como nosotros. Obviamente hay muchas series que cuentan con personajes femeninos maravillosos y protagonizadas por mujeres. Nosotros directamente quisimos hacer una serie, no feminista, sino sobre feminismo.

R - M.L.C.: Sí han sonado muchas series internacionales cuando hemos estado debatiendo; no solamente series que estuvieran protagonizadas por mujeres como «Big little lies» y «Girls» o series en las que el casting fuera principalmente femenino. A nivel personal, «The crown» me ha ayudado a estructurar los capítulos y a saber cómo contar las cosas de una manera sencilla, pero a la vez con peso. «La otra mirada» ha supuesto una novedad a nivel nacional.

P - ¿Cómo surge la idea de ceder protagonismo a sólo unos personajes por capítulo?

R - M.L.C.: Cuando empezamos el mapa de tramas hace un año, nos dimos cuenta de que las cuatro maestras tenían conflictos tan potentes que no queríamos seguir la estructura (propia de la ficción española) de tener que contar todo en todos los capítulos. Tuvimos que ser muy prácticos. Había que seguir el racord emocional de cada una en cada capítulo, pero...¿qué tal si la trama de la profesora tiene eco en la alumna y viceversa? Eso ayudó muchísimo a la hora de agilizar las tramas.

R - A.L.: Esa decisión también tiene que ver con que cada capítulo gira más o menos en torno a un mismo tema. Es más sencillo y orgánico encontrar cuál es ese tema cuando una de las maestras tiene mayor protagonismo. Al explorar su historia también surgían temas de manera muy natural que vertebraban todo el capítulo.

P - ¿Los 70 minutos cuestan?

R - A.L.: ¡Claro que cuestan! Esta duración obliga a generar más trama y a hablar de más personajes en un capítulo. A priori no es lo ideal. Todo guionista prefiriría escribir capítulos de 45 minutos, pero ya estamos acostumbrados a hacerlo. No sé si habrá cambios al respecto porque Atresmedia ha anunciado que sus nuevas series serán de 50 minutos. Supongo que si funciona podrá llevar a otras cadenas a hacer lo mismo. Puede que sea enriquecedor para espectadores y guionistas.

R - M.L.C.: Celebro la decisión de Atresmedia. Ojalá funcione y se extienda al resto de cadenas porque es el formato que tiene que ser.

R - A.L.: Los capítulos de 70 minutos, aparte de que pueden hacerse largos para espectador y guionista, están obligando a la gente a acostarse a unas horas no normales. El prime time español empieza muy tarde. Nosotros no tenemos publicidad en Televisión Española, pero en otras cadenas como Antena 3 y Telecinco tienen además cortes publicitarios. Esto puede tener que ver con que la gente esté consumiendo las series en otras plataformas y en la web.

R - M.L.C.: Haber decidido que exista una trama thriller forma parte de esa tendencia de tener que alargar los capítulos. «La otra mirada» se podría haber sostenido con las tramas personales. Si Teresa hubiera llegado a la academia con otro conflicto personal –en vez de un supuesto asesinato–, habría funcionado igualmente.

P - ¿El elemento thriller fue algo impuesto?

R - A.L.: Hay una tendencia a que las cadenas pidan ese componente de misterio. Se utiliza para captar la atención en el arranque de las series. Pero al final lo que sostiene una serie son sus personajes y sus conflictos. Se corre el riesgo de que esa trama de misterio sea de fondo y no sea lo realmente interesante.

R - M.L.C.: Demuestra la poca confianza que todavía hay en la ficción española en los personajes. En este caso, además, eran personajes femeninos. Una de las cosas que también ha distinguido a la serie es que no empezamos hablando de los temas sino que empezamos hablando de los personajes y apartir de ellos hemos creado los temas.

P - Los personajes, especialmente los adolescentes, se expresan como si estuvieran en «Fisica o química» a pesar de estar ambientada en los años 20. ¿A qué se debe?

R - A.L.: El creador y coordinador de guion, Jaime Vaca, quería que la manera de expresarse de los personajes saltase un poco la época para acercarse al lenguaje actual. Le hemos dado muchas vueltas a esto. Es una decisión creativa para acercarse al público de la actualidad.

P - Se ha manifestado en redes sociales y medios de comunicación el paralelismo entre la trama de violación de «La otra mirada» y el caso de La Manada...

R - M.L.C.: La violación de Roberta estuvo desde el origen de la serie. Desgraciadamente en la vida real estábamos teniendo un caso bastante mediático con respecto a ello. En el momento de la escritura del octavo capítulo, seguí el sentido común. Ya de primeras, un juicio a una chica que había sido violada en los años 20 podía generar desconfianza. Al escribir la resolución lo tuve clarísimo: si Roberta gana, la condena de Rafita Peralta tiene que ser ridícula. Desgraciadamente eso ha coincidido con la realidad y una vez más esta serie viene a demostrar que los temas propuestos son supercontemporáneos y que hay muchísimas cosas que todavía tienen que cambiar. Insisto en que la trama del capítulo como la resolución del juicio fueron completamente independientes. Ha coincidido que la cosa no ha salido bien para ninguna de las dos...

R - A.L.: Todos sabíamos que Roberta no podía ganar del todo porque no iba a ser realista. Ni en los años 20 ni lamentablemente en la actualidad incluso. Darle un final feliz y satisfactorio a esa trama se descartó practicamente desde el inicio.

P - ¿Consideran que «La otra mirada» es una utopía en el pasado?

R - A.L.: Es una reinterpretación. La serie habla de una época pasada en la que hay muchos elementos sociales que sí respetamos, pero nos hemos permitido ciertas licencias para hacer la serie más atractiva y buscar el paralelismo con la actualidad. Lo más fiel a la historia es que Roberta no hubiera llegado a juicio. Al final esto no es un documental: buscamos una parte de realidad y veracidad, pero las licencias creativas te ayudan a contar la historia que tú quieres.

R - M.L.C.: Aún así, ha quedado una serie bastante realista. Me viene a la cabeza el tema de la homosexualidad que vive Ángela (Cecilia Freire) con Paula (Pepa Gracia). Si recurres a la literatura de los años 20 y 30, de Virginia Wolf, vas a tener un montón de historias de este tipo: un amor imposible que no se quedó en un juego de miradas.

P - ¿Echan en falta, especialmente en España, series escritas y protagonizadas por mujeres?

R - A.L.: No sólo escritas sino también dirigidas, producidas y creadas. No somos tantas como hombres, pero ahí estamos las mujeres guionistas. A medida que vas subiendo el escalafón, ahí es donde claramente no estamos pudiendo llegar. Eso de alguna forma puede afectar a los contenidos y el espectador percibir que faltan distintos puntos de vista. No es un buen escenario para cualquier mujer que se quiera dedicar a la televisión.

R - M.L.C.: El casting de «La otra mirada» es principalmente femenino, pero he echado en falta que la dirección hubiera estado más equilibrada entre hombres y mujeres...

P - Tan sólo ha habido una mujer, Mar Olid...

R - Sí.

P - Emily Nussbaum comenta en «The New Yorker» sobre la serie «The deuce» que se nota que la mitad de sus directores habían sido mujeres. Ponía de ejemplo una violenta escena de sexo entre un hombre y una prostituta, y cómo era colocada la cámara...

R - A.L.: Si eres buen director o buena directora, si eres buen guionista hombre o mujer, vas a hacer cosas buenas. Pero no es justo ni normal que las mujeres no seamos todavía el 50% de esta industria que al final también consumen hombres y mujeres.

R - M.L.C.: Si tu jefe nunca te ha tocado el culo en la oficina y le has metido un tortazo, es complicado a veces transmitir esas sensaciones. Si yo mañana tuviera que rodar una escena en la que alguien me toca el culo sin permiso, sabría donde poner la cámara porque sé lo que sentí en ese momento. Es algo fundamental a la hora de abordar estos temas feministas.

R - A.L.: Es necesario que las mujeres lleguemos a todos los puestos por nuestro mérito, pero me asusta una tendencia: pensar que las mujeres sólo podemos escribir historias protagonizadas por mujeres o historias que tengan un componente feminista. La verdadera igualdad consiste en que las mujeres podamos escribir, dirigir y producir películas de acción o de ciencia ficción, y podamos seguir escribiendo historias protagonizadas por hombres igual que ellos pueden escribir historias sobre mujeres. Otra cosa es que nuestro punto de vista no se haya escuchado lo suficiente y sea tan enriquecedor para una serie feminista o una película sobre una invasión alienígena.

R - M.L.C.: Las dos hemos vivido llegar a una productora porque te quieren ofrecer una serie de mujeres y decirte con cierto tono paternalista: «como eres mujer, lo vas a hacer muy bien». Tampoco es ese extremo.

P - Ha sido muy curioso el fanatismo en torno a la estrecha relación entre la maestra Teresa y la directora de la academia Manuela, ambas heterosexuales. ¡Muchos espectadores querían que tuvieran una relación romántica!

R - A.L.: Me maravilla que la gente interprete la serie como le apetezca y tenga la ilusión de que estas dos mujeres acaben juntas. Su amistad muy bonita y cómplice desde el principio ha ido alimentando esa fantasía. Ésto también responde a una química muy buena desde el primer episodio entre Patricia López Arnaiz y Macarena García, que traspasa la pantalla.

R - M.L.C.: Sin haberlo pretendido hemos sido originales porque al final el personaje que proponíamos como homosexual no ha sido Teresa, la que vestía pantalones y parecía el «cliché de la lesbiana», sino Ángela.