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¿Te lo vas a comer? Los militares, desesperados ante Alberto Chicote: «Hay desmayos por la falta de nutrientes»

La mayoría de los soldados evitaron criticar abiertamente la calidad de las raciones para evitar represalias

LA SEXTA
Actualizado
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Alberto Chicote regresó la semana pasada a La Sexta con «¿Te lo vas a comer?», el programa de investigación que revolucionó las audiencias durante su primera temporada y en el que el cocinero indaga sobre el estado de la alimentación de determinados colectivos, a menudo vulnerables: ancianos, enfermos, niños... La primera entrega de esta segunda temporada versó sobre comedores infantiles y el equipo capitaneado por el popular rey de los fogones logró destapar el fraude nutricional de los menús para niños en un centro de Educación Especial, el Virgen del Amparo, ubicado en Guadalajara.

Para la entrega de esta semana Chicote se lanzó a analizar la alimentación de los militares del ejército español. Formado por cerca de 130.000 militares, casi la mitad, 53.000 son soldados de tierra, lo que se conoce como tropa. La preparación física de un militar es fundamental para desempeñar su trabajo, por eso su alimentación es básica, pero ¿quién se encarga de la alimentación de los militares?, ¿quién gestiona las cocinas de los cuarteles?, ¿comen bien los militares del ejército?

El primer testimonio recogido por el chef y presentador fue el de un militar que le escribió una carta manteniendo su anonimato. «Soy un soldado con más de diez años de servicio. Debo de mantenerme en el anonimato porque tendría grandes consecuencias si se supiera quién escribe este mail», comienza la misiva de denuncia, «nos dan en la mayoría de los casos lo que en otros sitios no querrían o no se podría vender en ningún comercio». El soldado habla de «carne llena de grasa e incomible, pescado de aspecto y sabor asqueroso, fruta de muy pequeño tamaño e incluso, alguna que otra vez, bolllería y lácteos caducados». Contó también que en la comida que les sirven «la mayoría de las veces abusan de la fritura» y denuncia que «además de la mala calidad del congelado», el aceite «se usa cientos de veces».

Chicote se entrevistó luego con Jorge Bravo, secretario de Organización de la Asociación Unificada de militares españoles, quien reconoció que «por lo general hay incidencias graves que hay que subsanar». El director del programa pudo ver imágenes que los soldados cuelgan en Telegram de sus platos, entre las que podía verse, entre otras cosas, una cucaracha entre unas zancas de pollo. Los militares cuentan que «las redes sociales son el único medio» que tienen para expresarse «libremente y no sufrir represalias». Denunciar la mala calidad de los alimentos «se considera una falta grave y nos pueden suspender de empleo y sueldo».

El chef convivió con la tropa durante un día de maniobras, viendo cómo son las raciones y menús que se llevan a las misiones internacionales. «Hay desmayos por la falta de nutrientes y se nota mucho la fatiga», denunció uno de los soldados. No obstante, la mayoría de ellos preferían no criticar sus raciones frente a las cámaras. La comida del día de maniobras consistía en una ración de lentejas, filetes de pollo con patatas, coca-cola y fruta, y además los soldados tienen la opción de comprar chocolatinas y gominolas.

Un oficial veterinario es el encargado de elaborar los menús y establecer que las categorías utilizadas son las adecuadas. Uno de los miembros de este equipo explica que son necesarias «unas 4.000 calorías al día» por la actividad que llevan a cabo. El sargento Hervalejo, jefe del pelotón de alimentación, explicó que cuenta con un presupuesto de «7,50 euros diarios para el desayuno, la comida y la cena» de los militares. Además, el cabo Muñoz, cocinero militar, contó que él solo cocina durante las maniobras porque una contrata es la encargada de la alimentación en el cuartel.

Para concluir el reportaje, Chicote se entrevistó con el coronel Manso para intentar que se comprometiese a mejorar la dieta de los militares. «Me preocupa mucho haberme encontrado con militares que tienen miedo a sus mandos por el simple hecho de quejarse por la comida», lamentó el chef.