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El jefe infiltrado Dos ganaderos se burlan de la ineptitud de su jefa: «No acabaría de ordeñar ni en un mes»

Amparo Salmón García, directora adjunta de una empresa alimenticia, quiso conocer desde dentro cómo trabajan sus empleados

LA SEXTA
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Este jueves se emitió en La Sexta una nueva entrega de «El jefe infiltrado», el programa en el que un directivo de una empresa se hace pasar por un trabajador más de la misma para examinar cómo funcionan sus empleados. Esta semana la jefa infiltrada fue Amparo Salmón García, directora adjunta de La Ermita Cantabria, una empresa de referencia en el sector gastronómico.

Cada vez más, los consumidores están concienciados con la importancia de comer productos naturales, saludables y de calidad. La Ermita Cantabria se centra en esta preocupación para elaborar cocina tradicional con el mismo sabor de los fogones de casa y sin descuidar los aspectos nutricionales. Salmón se define como una mujer luchadora y una jefa exigente que piensa que, pese al buen ritmo de la empresa, siempre hay cosas mejorables y por eso desea infiltrarse entre sus empleados.

La identidad que utilizó Salmón fue la de Susana Rubio, una supuesta concursante del falso concurso «Lánzate», donde los participantes tienen que hacer trabajos que muy poco tienen que ver con su vida cotidiana. Con ese fin cambiaron totalmente su aspecto y le crearon una personalidad que no levantase sospechas entre los trabajadores. Una de sus sobrinas no pudo callarse su opinión sobre el nuevo estilo de su tía: «Antes era una princesa y ahora la he visto muy fea».

La jefa empezó su recorrido junto a Elena, una de las cocineras que prepara los cocidos que vende La Ermita. Desde el primer momento, Elena dejó claro que no tenía mucha paciencia y no quiso dedicarle mucho tiempo a enseñar a la invitada. En su tarea es decisivo tener en cuenta todos los cuidados de higiene y de medidas, aunque Elena advierte de que no sigue recetas ni órdenes. Así pues, no fue extraño que la jefa detectase varios errores en el método de trabajo de su empleada: no sigue las medidas de higiene, ni pone los pesos adecuados en la receta del cocido y prueba la comida varias veces con la misma cuchara. Amparo Salmón salió escandalizada de la cocina de La Ermita.

El siguiente punto de la cadena que quiso examinar la jefa fue el de repartos, y se montó junto a Aitor en la furgoneta de la empresa para entregar pedidos. A la jefa le gustó la actitud de Aitor y su trato con el cliente, pero no tanto con su ritmo de trabajo y su descuido con el producto. «Si no me da tiempo, dejamos algún reparto para mañana», le soltó Aitor con toda tranquilidad. Las cosas no hicieron más que empeorar cuando la jefa vio a su trabajador estacionando la furgoneta en un carril bus y dejando el producto en la acera sin vigilarlo mientras se toma un café.

El recorrido la llevó luego a Torrelavega para visitar la ganadería de la empresa. Ampara Salmón nunca en su vida había trabajado con animales, por lo que llegó muy nerviosa y sin saber muy bien qué le depararía el día. Los ganadores que staban allí, Pili y Vidal, se rieron nada más verla aparecer con tacones y se lo pasaron en grande burlándose de la urbanita que quería aprender a ordeñar una vaca. «No acabaría de ordeñar la vaca ni en un mes», comentaban entre risas.

Tampoco era capaz de mantener a la vaca tranquila, que le turaba del cordel sin poder controlarla: «¡Ay, ay!», gritaba la jefa infiltrada cada vez que la pata se revolvía. «Miedo sí que paso», dijo con sorna uno de los ganadores, «se le veía cada vez que la vaca levantaba la pata». Para rematar la jornada, los ganaderos le ordenaron a la invitada que recogiese el estiércol: así sabría cómo era su trabajo día a día.