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El jefe infiltrado Las redes se ríen del primer «jefe infiltrado VIP»

El humorista Josema Yuste se caracterizó para infiltrarse en dos de sus teatros para examinar cómo funcionan

LA SEXTA
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Este jueves se emitió en La Sexta una nueva entrega de «El jefe infiltrado», el programa en el que un directivo de una empresa se hace pasar por un trabajador más de la misma para examinar cómo funcionan sus empleados. Esta semana, por primera vez en la historia del programa, se trata de un «jefe infiltrado VIP». El humorista y actor Josema Yuste es además empresario teatral, y ha querido convertirse en Tony del Olmo para comprobar cómo funcionan sus espacios valencianos: Olympia y Talia.

Junto a varios socios, Yuste tiene en total cuatro teatros y trece obras producidas que han hecho vivir momentos inolvidables a cientos de miles de espectadores. Con el fin de conocer cómo funcionan sus negocios cuando él no mira, Yuste se transformó en Tony del Olmo, un jubilado que se ha apuntado a un falso reality para cumplir su sueño de juventud: montar una compañía teatral en España. Fue todo un reto para el equipo de estilismo de «El jefe infiltrado» disimular los rasgos de Yuste para que pasase desapercibido ante sus trabajadores.

«Estoy más nervioso que la noche antes de un estreno de teatro», confesó. Su primer destino fue el céntrico teatro Olympia, donde trabajó junto a Noemí, la jefa de sala. Ella es la encargada de vender las entradas y atender a los espectadores. A los pocos minutos Noemí cometió su primer error al no ser capaz de responder a la pregunta de un cliente sobre el reparto de la obra que iba a representarse. «Es inadmisible que no lo sepa», se indignó Yuste.

Pero ese enfado momentáneo pasó pronto, cuando Noemí se puso a llorar tras recordar a su fallecido padre, también trabajador del teatro. «Siento esto en la sangre», contó conmovida. También Yuste se emocionó y tuvo que aguantarse las lágrimas: «Se nota que sientes lo que haces y que lo dices de corazón. Eso es muy bonito». Este momento de intimidad duró poco porque tuvieron que ponerse a acomodar a los espectadores que llegaban a ver la obra.

Los primeros minutos todo fue bien, hasta que llegó para ver la obra el actor Santiago Urrialde, que se quedó mirando fijamente a Yuste. «¿Tú eres Josema, no?», le preguntó en un tono jocoso. El humorista, visiblemente nervioso, se quitó se el muerto de encima como pudo: «No sé de qué me habla». Urrialde no se dio por vencido, pero a la vista de la insistencia de Yuste se fue a su asiento, aunque sin dejar de mirar al actor.

Por todo lo demás, el empresario quedó muy satisfecho con el trabajo de Noemí, aunque la vio un poco acelerada en algunos momentos. «Su pasión por el trabajo es innegable», concedió Yuste, pese a que se le había colado en la sala un espectador con una entrada de otro día. El segundo de sus empleados al que espió fue a Tortosa, el autodefinido como «el hombre para todo en este teatro». Al igual que Noemí, el hombre amaba el teatro y se sentía muy cómodo en su trabajo. No obstante, al jefe no le gustó que siempre dejase cosas para más tarde y dilatase todas sus tareas.

El segundo día como «El Jefe infiltrado», Josema Yuste acompañó a Pili, encargada de la limpieza. «Las morcillas no solo están sobre el escenario», dijo. El actor, en su afán de ocultar lo que su disfraz no conseguía, se metió en el papel y terminó limpiando un váter muy sucio: «Es la primera vez que limpio uno». Yuste tenía una buena impresión de Pili hasta que descubre una falta muy grave de la empleada: utiliza la misma bayeta para limpiar todo, desde la taza del váter hasta los lavabos y los espejos, incluso los camerinos de los actores. El jefe infiltrado no se lo puede creer: «Es repugnante que con la bayeta llena de bacterias del váter vaya al espejo, ¡se acabó!».

Josema Yuste trató de ponerse también en la piel de regidor siguiendo los pasos de Josito. Pese a sus esfuerzos por no interactuar directamente con los actores, parece que estos sí que le reconocieron. Justo antes de salir a escenar, Pablo Puyol y otros de los actores tuvieron gestos de complicidad con el jefe infiltrado. No fueron los únicos que vieron clara la identidad el actor. Además del reparto y Santiago Urrialde, las redes sociales dejaron claro que la caracterización del intérprete no era suficiente.